Instituto de Estudios Evangélicos

La inversión de nuestra vida en la economía divina

¿Cómo saber a qué escuela ir, por cuál carrera decidirse, qué profesión ejercer, qué empleo tomar? En estas situaciones a veces nos encontramos deseando una señal milagrosa: una voz del cielo, un sueño instructivo, o quizá simplemente una luz en la dirección correcta. Pareciera como si cualquier cosa bastaría si tan sólo Dios nos hablara directamente y nos liberara de nuestra incertidumbre. Pero a menudo tales señales no aparecen. ¿Es que Dios sólo ha hablado a unos cuantos selectos y al resto nos ha dejado solos?

 

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Las emociones y la Doctrina Cristiana

Las emociones son un medio esencial para integrar doctrina en la vida. Entender qué son y cómo se forman puede contribuir a la madurez espiritual. En los últimos 30 años la psicología y la ética han reconocido la relevancia de las emociones. Han brotado propuestas muy diferentes sobre qué son, cada una reflejando los intereses de la disciplina que la hace. Un entendimiento cristiano de las emociones parte de lo que el Nuevo Testamento dice de ellas: son moralmente importantes, pueden ser mandadas y pueden ser formadas por reflexión sobre el evangelio. Las emociones son maneras de percibir cómo situaciones de la vida afectan nuestros intereses. El que no ve cómo el evangelio afecta sus intereses no dará fruto del evangelio. Una de las manifestaciones de la integración emocional del evangelio es el gozo como reacción a la persecución.

 

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¿Servicio a Dios y al prójimo desde la profesión? Una mirada desde la historia de David

Ser profesional en los países latinoamericanos es una necesidad para sobrevivir pero también una gran responsabilidad. No sólo implica un mejor pasar económico, sino también la obligación de contribuir con conocimiento y práctica en una sociedad que sufre. En el continente más desigual del mundo, nosotros no podemos contentarnos con que los profesionales se vuelvan simplemente en privilegiados que viven en una especie de ghetto en el que tratan de no ver la miseria a su alrededor. Nosotros hemos sido formados tradicionalmente bajo la dicotomía entre lo profano y lo sagrado. Los sufrimientos de la sociedad y la falta de esperanza en los sistemas político-sociales de latinoamérica han servido para generar una profunda separación entre lo que la gente hace y cree en la iglesia y lo que hace y piensa en el mundo. Las “cosas” del mundo aparentemente no tienen esperanza y deben darles la espalda a ellas. Lo sagrado o celestial debe ser fortalecido, pero sin que tenga contacto con la vida mundana para no contaminarse con la corrupción imperante.

 

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