Estudios Evangélicos

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Calvinismo, crisis social y violencia

La discusión contemporánea sobre la legitimidad y los medios para enfrentar a un gobierno hostil tiene un nuevo foco, con respecto a la cuestión de si es moralmente permisible la violencia como componente de la resistencia.

Debo partir diciendo que los principales exponentes del pensamiento reformado interpretan Romanos 13 de la misma manera como se entendía el origen de la autoridad política hasta fines de la Edad Media: los gobernantes han sido puestos por Dios, para su gloria y el bien público [1]; por lo tanto existe un derecho divino, no de la persona propiamente tal, sino en la función que ostenta. No obstante, estos mismos autores reconocen que las autoridades pueden volverse tiránicas, trayendo como consecuencia la opresión del pueblo. Sobre la base de la doctrina política de Juan Calvino y Johannes Althusius se sentó la teoría de resistencia a los tiranos, que subyace a lo largo de toda la tradición reformada.

Ahora cabe preguntarse: Resistencia ¿De qué manera? En el capítulo XX del libro IV de su Institución de la Religión Cristiana, titulado “Del gobierno civil”, Calvino dice que no le compete a las personas privadas refrenar un gobierno, ya que ésta sería la tarea de los magistrados inferiores. A las personas privadas se les habría dado el mandamiento de obedecer mientras que en las manos de estos magistrados estaría la corrección de una dominación desordenada; la tarea de defender al pueblo oprimido por los reyes [2].

Por otra parte Althusius, en su obra Política, también sostiene que el magistrado tirano debe ser resistido, y que en esto, el hombre que ejecuta los actos de violencia no debe ser llamado “sedicioso (…) cuando el que resiste defiende a la república contra el violador de las leyes, contra el pérfido y perjuro, que no menos es el magistrado” [3]. A diferencia de Calvino, Althusius si afirmar que, en casos extremos, el pueblo puede ejercer la resistencia recurriendo a las armas. Estos casos serían el no contar con el apoyo de los magistrados inferiores o jueces, por ausencia o prevaricación de estos: “donde no puede haber ayuda de juez, a nosotros nos es lícito decir derecho. Debe ser concedido el recurso a las armas entonces, cuando el auxilio del juez ordinario falta de derecho o de hecho, y el superior que administra justicia no puede acercarse» [4]. Calvino y Althusius coinciden en que la resistencia permitiría ejecutar al gobernante con el fin de restablecer la justicia, aunque discrepan sobre quiénes tendrían el derecho de hacerlo.

Tres siglos después, Guillermo Groen van Prinsterer habla de un tipo de resistencia pasiva, que provocaría el desgaste del gobierno. Otro medio sería el oponerse, pero con ciertos límites, ya que según él la injusticia no sería una excusa para romper relaciones que son sagradas. Pone como ejemplo a los antiguos holandeses del siglo XVI frente a la monarquía española del rey Felipe II, que según su opinión no tomaron las armas, y en los casos excepcionales en que llegaron a hacerlo, fue por defensa propia y sin la total seguridad de estar haciendo lo correcto [5]. A mí parecer, él no pone tanto énfasis en la posible resistencia a los gobernantes civiles porque su preocupación principal se encuentra en el cambio de paradigma que produjo la Revolución Francesa, respecto al origen de la autoridad política.

Algunas décadas más tarde Abraham Kuyper, en su conferencia sobre Calvinismo y política, sostiene que una correcta comprensión de la soberanía de Dios debería crear en nosotros la valentía para protestar incansablemente contra la injusticia de la ley [6]. Kuyper dice esto pensando en el tipo de ley que emana de lo que sería para él la perversión del derecho constitucional, como resultado de la concepción de soberanía del estado. Una dificultad que se nos presenta es que no se refiere a los medios legítimos de protesta. También dice que el parlamento o cualquier tipo de asamblea de representantes, debe ser una defensa unida mejor que la resistencia individual, para mantener los derechos y libertades populares, incluso si es necesario, contra el gobierno. Para él, la lucha contra los totalitarismos no es solo aceptable, sino que es un deber, aunque en el caso de los individuos, ésta debería ser ejercida en cada esfera [7].

En su libro Until Justice and Peace Embrace, el filósofo contemporáneo Nicholas Wolterstorff ve que las reflexiones de los reformadores asumen que si un gobierno perpetra atrocidades de carácter notorio pierde su legitimidad, y los agentes de este gobierno pasan a tener el solo status de ciudadanos privados cometiendo actos criminales. Él dice que si esta conclusión es cierta, entonces al reflexionar sobre las hostilidades entre un gobierno y los movimientos de resistencia habría que preguntarse si la violencia en respuesta a la violencia de ciudadanos privados, sería en algún momento justificable [8].

Es evidente que las tradiciones evolucionan, como el calvinismo de cara a la cuestión política. El mismo Kuyper dice que “un sistema no se distingue por lo que tiene en común con los sistemas precedentes; sino que se distingue por aquello en lo que difiere de estos” [9]. Respecto al uso de la violencia por parte de grupos de resistencia, si bien es cierto que vemos en Calvino una posición moderada, eventualmente algunos calvinistas ingleses y escoceses concluyeron que los ciudadanos particulares también tenían permitido, en ciertas ocasiones, actuar violando la ley y tomando las armas contra los gobiernos tiránicos. Ellos no solo concluyeron que era lícito sino que se encontraban en la obligación de realizarlo.

¿Qué factor común podemos ver en estos calvinistas? La defensa del principio supremo de la justicia. Para ellos, la legitimidad de las autoridades estaba supeditada al respeto por el derecho y al cumplimiento de las obligaciones mutuas que son parte esencial de las relaciones justas. Sólo podía existir paz como resultado de la justicia y no al revés. Ante esto cabe preguntarse ¿La violencia es una alternativa viable en nuestros días? ¿O el calvinismo ha evolucionado a tal punto que la paz a cualquier precio se ha erigido como el nuevo valor supremo?
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Ponencia presentada en el segundo conversatorio “Hablemos de verdad”, 16 de noviembre de 2019, Santiago de Chile.

Notas.

[1] Confesión de Fe de Westminster, XXIII, I.
[2] Jean Calvin, L’Institution chrétienne. Livre quatrième. Ginebra, Labor et Fides, 1958, p. 480.
[3] Johannes Althusius, Política. Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1990, p. 580.
[4] Ibid, p. 583.
[5] Guillermo Groen Van Prinsterer, Incredulidad y revolución. Xalapa, Fábrica de ideas, 2010, p. 36.
[6] Abraham Kuyper, Conferencias sobre el calvinismo. San José, CLIR, 2014, p. 79.
[7] Ibid, p. 80.
[8] Nicholas Wolterstorff, Until Justice and Peace Embrace. Grand Rapids, Eerdmands, 1987, p. 144.
[9] Abraham Kuyper, Conferencias…, p. 81.

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