Estudios Evangélicos

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¿Cómo deben pensar y orar los cristianos respecto de la situación en Venezuela?

Nadie ora en el vacío porque nadie piensa en el vacío. Lo que aceptamos como verdad en el ámbito del pensamiento moldea nuestra forma de orar. Y lo que aceptamos como verdad en nuestra oración ahorma al mismo tiempo nuestros procesos de razonamiento y valoración de la realidad.

Nadie ora en el vacío porque nadie piensa en el vacío. Lo que aceptamos como verdad en el ámbito del pensamiento moldea nuestra forma de orar. Y lo que aceptamos como verdad en nuestra oración ahorma al mismo tiempo nuestros procesos de razonamiento y valoración de la realidad.

 

El cristiano, cuya experiencia de la fe se anida en su relación con la Palabra-Ley revelada por parte de Dios, parte de su propia comprensión de esa revelación al momento de orar y de pensar. Como parte de su compromiso de crecer en su relación con Dios seguramente estará familiarizado con expresiones como “mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36), “sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios” (Romanos 13:1); “cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime” (Proverbios 29:2); “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29), etc. Y estará familiarizado también con narraciones aún más amplias que ejemplifican y/o ilustran las verdades contenidas en esas expresiones escriturales: El enfrentamiento del Dios verdadero, Jehová, contra el dios falso Faraón en Egipto derribando la totalidad del orden económico, cultural, educativo, comercial, familiar, religioso, reduciendo a añicos la ma’at tan celosamente salvaguardada por el falso dios-hombre Faraón. Y tiempo hace falta para mencionar aquí otros ejemplos similares: la gesta de los Jueces de Israel, los requisitos para los gobernantes de la nación del pacto, el juicio de Dios contra las naciones gentiles, etc.

 

Pero la experiencia del creyente no parte únicamente de su vínculo racional con la Palabra-Ley de Dios y el marco conceptual que ella comunica. El creyente también es un hombre de la historia. Ha recorrido un camino en el que ha estado en contacto con el acervo de datos y “verdades” acumulado y compartido por las ciencias del hombre, ya sea que este hombre haya acumulado tal acervo desde su posición de obediencia al Dios de la Escritura o desde su posición de rebeldía y hostilidad hacia este mismo Dios. Es muy probable que también haya aceptado como verdades seminales las ideas, o parte de ellas, de pensadores como Maquiavelo, Erasmo, Descartes, Locke, Hume, Marx, Hegel, Freud, por nombrar unos pocos.

 

Y ahora, ese creyente ora. No en el vacío, como ya hemos dicho. Sino a partir de esta amalgama y andamiaje preconcebido y afirmado. Se enfrenta a una realidad histórica –existente en el aquí y ahora– y no le es imposible abstraerse de ella por cuanto las verdades que aloja en su razonamiento le impulsan a juzgar tal realidad y a integrarla en su sistema de pensamiento incluyendo el ámbito axiológico. ¿A qué le dará su sanción positiva? ¿A qué le dará su sanción negativa? De ahí que tanto pensar como orar se conviertan en acciones que sirven para poner de manifiesto quién es en su entramado racional y dónde se encuentra en su peregrinaje práctico.

 

El título de esta reflexión establece un principio que por sí mismo es axiológico: Cómo deben los cristianos pensar y orar respecto a la situación en Venezuela. Se da por hecho que debemos pensar y orar respecto a lo que sucede en la hermana nación del sur. Lo que presume a su vez que estamos informados no sólo de lo que sucede ahora sino de dónde procede, cuáles son las raíces de lo que ahora sucede. Y mientras más sepamos y mientras más nos demos al análisis de las raíces históricas de lo que ahí sucede, más debemos comprometernos a orar por la nación en términos de lo que comprendemos de la etiología de tales sucesos.

 

No es propósito de este breve escrito presentar las raíces históricas y/o ideológicas del conflicto que ahora aflora en el seno de la sociedad venezolana. El propósito es invitarnos a la oración, que es lo mismo que decir aceptar que el Dios soberano de los cielos y la tierra tiene una agenda que está llevando a cabo en aquella nación al igual que en todas las demás naciones de la tierra. Y que esa agenda se centra alrededor de Sus propósitos, centrados en Cristo, para Su propia gloria y la exaltación de Su Palabra-Ley. Y en la acción de orar nos evaluamos a nosotros mismos respecto a nuestro emparejamiento con esa agenda divina y cristocéntrica.

 

Dios cumplirá Sus propósitos no por la perfección de nuestras oraciones sino por el santo propósito de Su voluntad soberana. El destino de la nación venezolana no depende de nuestras oraciones. Al orar somos bendecidos con entendimiento, sabiduría, perspicacia espiritual, fuerza de carácter para afirmar nuestros pies según el papel que nos corresponde desempeñar en el llamado de Dios en nuestras propias naciones. Al orar, y recibir la respuesta de Dios a nuestras oraciones, recibimos la fuerza para decir no a aquello que Dios sancione negativamente y para decir a aquello que Dios sancione positivamente. Recibimos la gracia para extender la mano al que sufre, de manera directa o indirecta, por el conflicto. Al orar se aclaran nuestros ojos para entender más y mejor lo que sucede para equipar con ese entendimiento a las futuras generaciones de creyentes no sólo en Venezuela sino en todas las demás naciones que están comprometidas con el Señor para ‘vivir como es digno de la vocación con que hemos sido llamados’. Al orar recibimos el brío para no ceder en lo que se nos ha encomendado hacer como siervos del Dios Altísimo, pero también para desistir de aquello que en nuestra testarudez insistimos en integrar a la Fe cuando en realidad aquello la corrompe.

 

Al orar clamamos con todo nuestro corazón, “Venga tu reino,” entendiendo que tal petición se traduce en que “Se haga tu voluntad [la de Dios], como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10). Es el anhelo por un orden descrito por inferencia en Su Palabra-Ley. Y si es oración bíblica, es el compromiso de edificar tal orden con los medios de Dios en el entorno donde cada uno ha sido colocado, reconociendo que no se edifica el bien con mal sino que los bloques básicos de construcción se han de derivar del contenido mismo de la revelación de Dios contenida en la Escritura y encarnada en la persona del Señor Jesucristo.

 

Oramos no meramente para ser librados de inconveniencias y malestares temporales. Oramos porque las normas y valores de Su Reino brillen con potencia y sean tenidos por honrosos en nuestras naciones. Quizás eso nos traiga más inconveniencias, lo que nos animará a orar aún más y con mayor fuerza.

 

Si eres un creyente que no está en Venezuela, ora con intensidad por aquellos que sí lo están, pues Dios les ha dado la gracia de ser partícipes del momento histórico que vive esa nación y de ser Su pueblo para la consecución de Sus propósitos en aquella tierra. Ora que no falte el pan en sus mesas y que abunde la actitud y decisión de compartirlo con quienes no lo tienen. Ora que Dios les use según la naturaleza de sus llamados, que reciban la gracia de estar a la altura del “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido y anunciadores de las virtudes de Aquel que les llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Que sean usados como bálsamo de Dios en todas las esferas donde hayan sido por Él colocados. Oremos que no falten la valentía y el denuedo para desempeñarse como “embajadores en nombre de Cristo,” para que presenten así su clamor a sus compatriotas venezolanos: “os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20). Que sean el remanente de Dios para Su gloria en aquella tierra. Porque ser pueblo de Dios es parte de la respuesta a sus propias oraciones.

Sobre el tema véase también:

Javier Castro Arcos, Venezuela: la esperanza de un nuevo rumbo. Apuntes para una oración reflexiva

Luis Pino Moyano, Venezuela, compromiso y misión

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