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Cuidado del alma. Entrevista con Eric Johnson sobre la psicología y el cristianismo

Creo que la moderna división de las disciplinas, que ha separado la filosofía, la teología y las ciencias es muy problemática desde un punto de vista cristiano.

Eric Johnson es director de la Sociedad de Psicología Cristiana y profesor del Seminario Teológico Bautista del Sur. Es autor de numerosos artículos en el campo de la psicología y la consejería, editor asociado del Journal of Psychology and Theology, coeditor de libros como Christianity and Psychology: Four Views (Cuatro Visiones sobre Cristianismo y Psicología) y autor de Foundations for Soul Care (Fundamentos de Consejería). Con él hemos hablado sobre la idea de una psicología cristiana, el lugar de la misma en la vida de la iglesia y en la tradición intelectual cristiana.

 

– Profesor Johnson, ¿nos podría contar algo sobre su propio camino en el campo de la psicología? ¿Cómo surgió su propio llamado a esta área y cuáles han sido los principales hitos en el camino a su obra actual, tal como ésta se expresa en Foundations for Soul Care?

 

Crecí en un hogar bastante disfuncional, sin Dios, y como adolescente luché con la angustia, con el  narcisismo y con varias adicciones. Gracias a Dios fui salvado cuando tenía 18, y esto produjo un cambio radical en mi vida. Pronto adquirí una fuerte educación bíblica y aprendí sobre los puritanos ingleses, que tenían una fuerte convicción respecto de cuán buena es la fe cristiana para el alma. Me casé y empecé una carrera en el campo del trabajo social, pero luego me vi llamado a conseguir un doctorado en psicología en la universidad estatal de Michigan, de modo que pude empezar a desarrollar una psicología desde un punto de vista firmemente cristiano. A través de mi vida como cristiano una parte importante de mi vida diaria ha sido pasar tiempo en oración meditativa. Sin embargo, cerca de los cuarenta años empecé a descubrir que mi propia pecaminosidad y mi educación disfuncional estaban poniendo en riesgo mi relación con mi señora y con mis hijos de diversos modos, y crecientemente fui descubriendo que necesitaba una sanidad más profunda. Fui a un consejero, quien me ayudó a ver cosas que no creo que hubiera podido ver sin esa ayuda, y a través de los últimos diez años Dios me ha ayudado a conseguir algo de sanidad interior. Mi señora y mis hijos han sido la principal fuente humana de ayuda. Todo esto ha contribuido a mi orientación, pensamiento y práctica de consejería.

 

– La mayor parte de los psicólogos cristianos reciben sus grados académicos de instituciones seculares. ¿Cuáles cree usted que son los principales riesgos que de este modo corren, y qué tipo de recursos requieren para que esta experiencia sea fructífera?

 

Como recién mencioné, para mi doctorado fui a una institución secular, y estoy muy agradecido por la educación recibida ahí. Los psicólogos cristianos deben apropiarse de todo lo que puedan de lo que es mejor en la psicología secular, pues mucho es valioso. Con todo, también está seriamente distorsionado, dado que la psicología secular no ve a los seres humanos en términos espirituales y sobrenaturales. Como resultado, si no se está bien entrenado en un análisis desde una visión cristiana del mundo, es muy difícil ver lo que esta psicología secular está dejando fuera. Me ayudó mucho el tener un título de pregrado en teología y una maestría en estudios cristianos sobre las ciencias de la conducta, cosas que me ayudaron a fundamentarme de modo sólido en la fe cristiana y en una visión cristiana del mundo. Así, yo recomendaría que los cristianos adquieran estudios sobre la misma fe cristiana antes o de modo simultáneo con sus estudios en una institución secular. También me ha ayudado mucho el leer libros clásicos de la fe cristiana (como las Confesiones de Agustín, las Manifestaciones del Amor Divino de Julian de Norwich, Institución de la Religión Cristiana de Calvino, Mero Cristianismo de C.S. Lewis, Unión y Comunión con Dios de John Owen, etc.). También creo que es bueno involucrarse en organizaciones de psicología cristiana y consejería cristiana, donde podemos dialogar y trabajar juntos, leernos y desafiarnos mutuamente con nuestros pensamientos y escritos, tal como es bueno ir a conferencias que profundicen nuestra comprensión de la psicología y la consejería cristiana.

 

– ¿Cuáles considera que son los capítulos principales en una historia de los cristianos en la psicología?

 

Obviamente la Biblia es fundamental. Es el libro de psicología más importante de todos los tiempos, pues fue inspirado por Dios y nos revela las verdades psicológicas más importantes (aunque obviamente no esté escrita en un lenguaje filosófico o científico avanzado). Creo que Agustín fue el psicólogo más importante de la iglesia temprana y Tomás de Aquino el más importante de la Edad Media (aunque hay innumerables monjes y monjas que escribieron otros maravillosos ensayos de psicología cristiana, como Bernardo de Claraval o Buenaventura). Creo que la Reforma fue un gran renacer del pensamiento cristiano, y sobre el hombre y la salvación considero muy útiles los escritos de Lutero y Calvino. John Owen, Richard Baxter y Blaise Pascal en el siglo XVII, Jonathan Edwards en el siglo XVIII y sobre todo Soren Kierkegaard en el siglo XIX también hicieron grandes aportes a la psicología cristiana. Dietrich Bonhoeffer escribió algunos libros relevantes para entender a los hombres. En el siglo XX también creo que hay que mencionar a Urs von Baltasar como alguien que ha escrito obras que van a ser extremadamente útiles para la psicología cristiana en el futuro.

 

– En este tipo de desarrollos, como lo indican los nombres que usted menciona, los psicólogos cristianos no han estado solos, sino acompañados por otros pensadores cristianos. ¿Nos podría contar algo sobre el papel que desempeñan filósofos y teólogos cristianos en la formación de una visión cristiana de mundo, necesaria para una concepción más holística de la psicología?

 

Creo que la moderna división de las disciplinas, que ha separado la filosofía, la teología y las ciencias es muy problemática desde un punto de vista cristiano. En el mundo moderno el análisis académico ha proliferado de tal modo y se ha vuelto tan especializado, que se ha vuelto necesario para la gente concentrarse en áreas más pequeñas de la creación de Dios, porque hay tanto que aprender. Con todo, la filosofía y la teología son metadisciplinas necesarias para ayudar a los académicos en todas las áreas restantes. Esto es especialmente evidente en el caso de la psicología, dada la complejidad de problemas como la relación mente-cuerpo, la libertad y el determinismo, el papel del pecado y del Espíritu Santo en el desarrollo humano, etc. En consecuencia, los psicólogos cristianos necesitan la ayuda de filósofos cristianos y de teólogos que trabajen  en el campo de la psicología (tal como también hay expertos en estadística trabajando en nuestra área), para ayudarnos a progresar en la psicología a través de un análisis claro de los conceptos psicológicos y a través de una mejor comprensión bíblica. También necesitamos leer libros de teólogos y filósofos que traten tópicos relacionados con la naturaleza humana.

 

– La psicología no es cualquier disciplina científica, sino más bien un tipo de práctica que en muchos sentidos es representativa de toda nuestra cultura. Ya en los años sesenta nuestra sociedad fue caracterizada por Philip Rieff como una sociedad terapéutica: en la educación, la religión, la política, etc., la preocupación por la verdad ha sido reemplazada por efectividad psicológica. Mi propia impresión es que en tal contexto los psicólogos cristianos –tal vez más que otros profesionales- tienen que estar entrenados en una detenida y fina crítica de la cultura circundante, una crítica que los libere de las corrientes predominantes. Pero me encantaría saber lo que usted, como experto, piensa al respecto.

 

¡La pregunta indica que ya llevas algún tiempo pensando en esto! Concuerdo en que los cristianos en el campo de la psicología tienen que aprender a cuestionar los supuestos de la cultura moderna, supuestos terapéuticos y orientados hacia el yo, que legitiman cosas como la homosexualidad y el divorcio fácil. Hoy tal vez el principal valor cultural de Occidente es una comprensión de la autorrealización que nos reduce a nosotros mismos. El principal correctivo para esta orientación narcisista es la renovación de un cristianismo radical que tenga una orientación teocéntrica, que redefina la autorrealización como algo que hayamos en el amor a Dios y al prójimo. Esto también es terapéutico, pero es la psicoterapia del Dios del cristianismo (psicoterapia significa literalmente “curación del alma”), cuya manera de sanarnos pasa por tocar nuestros problemas psicológicos, incluyendo el pecado y la alienación, mediante la venida de Dios mismo en Jesús, mediante su muerte y resurrección, y dándonos el Espíritu. “Por sus llagas fuimos curados” (Is. 53:5).

 

– Tras estas preguntas de carácter general me gustaría volverme algo más específico en torno al programa de psicología que usted defiende. ¿Nos podría dar en unos pocos puntos una caracterización de la psicología cristiana como usted la entiende?

 

¿Puedo responder simplemente citando la misión de la Sociedad de Psicología Cristiana (www.christianpsych.org)?

 

“La sociedad existe para promover el desarrollo de una psicología (incluyendo teoría, investigación y práctica) distintivamente cristiana, que esté basada en una comprensión cristiana de la naturaleza humana. Una visión cristiana de la naturaleza humana se encuentra marcada en primer lugar por las Escrituras cristianas, así como por las tradiciones intelectuales y eclesiales del cristianismo. Con todo, una psicología cristiana también estará críticamente informada respecto de otras fuentes relevantes sobre la verdad psicológica, en particular mediante su propia reflexión, investigación y práctica, pero también mediante el trabajo psicológico de otras tradiciones (como la psicología secular), la filosofía, la experiencia humana y otras ciencias humanas. La meta de una psicología cristiana es entender la naturaleza humana como Dios la entiende, pero dada la finitud humana y la variedad de tradiciones cristianas, la sociedad da la bienvenida a quienes trabajan desde cualquier perspectiva dentro de la iglesia cristiana histórica”.

 

Siguiendo estas líneas, diría que puede haber una psicología cristiana tanto en el campo de la teoría como de la investigación y de la práctica. De momento hay bastante teoría psicológica cristiana escrita por filósofos y teólogos, pero hay más bien poca investigación (lo cual esperamos que cambie). Tal vez nuestros mejores recursos se encuentran en la práctica de la consejería cristiana, dado que por siglos ha habido teólogos, monjes, monjas, sacerdotes y pastores que han contribuido con tratados y libros que se ocupan de la sanidad del alma. Además, durante las últimas décadas un modelo de psicología cristiana ha sido promovido mediante libros populares de Larry Crabb, Dan Allender, Neil Anderson y Leanne Payne. Pero esta gran masa de literatura carece de la sofisticación de la psicología moderna, de modo que incluso en esta área, en que tanto ha sido escrito a lo largo de la historia de la iglesia, hay mucho que hacer para desarrollar una literatura sobre el cuidado del alma que sea sofisticada, científicamente avanzada y basada en una visión cristiana del mundo.

 

– Su obra no está escrita sólo para psicólogos, sino para todo el campo del cuidado del alma, incluyendo especialmente el cuidado pastoral y la consejería espiritual. Esto por supuesto significa que la psicología profesional y el cuidado pastoral del alma tienen más en común de lo que se suele reconocer. ¿Cómo afecta esto su visión de su disciplina?

 

La Iglesia tiene la misión especial de edificar el pueblo de Dios para ser imagen del mismo y para alcanzar a otros para Cristo. La consejería profesional es un fenómeno cultural más amplio que también busca la sanidad del alma. De momento la psicología moderna controla de modo total dicho campo de la cultura, y prescribe que el Dios del cristianismo no puede ser presentado como solución a los problemas del hombre. El gran desafío de nuestro tiempo es ayudar a los líderes seculares en la psicología profesional a darse cuenta de que los consejeros tienen que aconsejar conforme a la visión de mundo que tienen, lo cual vale para los consejeros cristianos tanto como para los secularistas. Esta compleja situación ni siquiera ha empezado a ser discutida sin prejuicios.

 

Creo además que pastores y sacerdotes siempre han estado en la primera fila de la preocupación cristiana por la salud mental. Dentro de la iglesia local debiera en realidad haber semanalmente un cuidado preventivo del alma, a través de la adoración a Dios, el ministerio de la Palabra y los sacramentos, y la comunión del pueblo de Dios (lo cual debiera incluir consejería y grupos intencionalmente dedicados a promover la obra de Dios en el corazón de otros). Idealmente, un consejero profesional cristiano debiera ser una persona tan centrada en Dios y fundada en la Biblia como su propio pastor o sacerdote. Con todo, también tendrá que tener entrenamiento en neuropsicología, psicología del desarrollo, psicopatología y psicología clínica, todo lo cual deberá interpretar desde un marco centrado en Dios. En un mundo como ése, los consejeros profesionales se ocuparían simplemente de los problemas más serios que estén más allá de la competencia del típico ministro de una iglesia. Pero si dichos consejeros son cristianos fuertes, compartirán una misma comprensión fundamental respecto de cómo el alma puede ser sanada por Cristo, al mismo tiempo teniendo en mente el cerebro y el lento paso de los cambios en el desarrollo humano. En ese caso estarán haciendo el mismo trabajo que el cuidado del alma que se practica en la Iglesia, sólo que los profesionales lo estarán haciendo a la luz de la mejor investigación presente respecto del cerebro, el desarrollo humano, las patologías y la práctica clínica. Espero que algún día tales profesionales cristianos puedan actuar en el campo de la psicología profesional con la misma libertad y fidelidad a su visión de mundo como lo pueden hoy los secularistas.

 

– Sé que una buena respuesta tal vez llenaría demasiadas páginas, pero tal vez nos pueda decir algo sobre nuestra lectura de la Biblia y el modo en que afecta el trabajo de los psicólogos cristianos.

 

A través del Espíritu Santo la Biblia da al creyente cristiano vida espiritual mediante el estudio y la oración meditativa. Como la Biblia contiene los “primeros principios” de la vida humana, es la guía fundamental para la construcción de teorías psicológicas cristianas, para la investigación y para la práctica profesional. Idealmente, los psicólogos cristianos convertirán la diaria lectura personal de la Biblia en una disciplina espiritual (yo mismo tengo que pasar una hora diaria en ello – ¡pero soy alguien débil y necesitado!) La estrategia clínica más importante de un consejero cristiano es entrenar a sus aconsejados en la lectura bíblica y en la oración meditativa. Los psicólogos cristianos también necesitan pensar de modo detenido respecto del alma a la luz de la enseñanza bíblica, de modo que sean capaces de interpretar la literatura psicológica secular de un modo pertinente, siendo capaces de identificar sus prejuicios secularistas cuando estén presentes, y siendo capaces también de desarrollar teorías y programas de investigación distintivamente cristianos. Necesitamos desplegar la Biblia en los campos de la psicología y la psiquiatría, y ver qué ocurre.

 

– Finalmente, quisiera detenerme en algo más específico aún, y preguntarle por la Sociedad de Psicólogos Cristianos. ¿Qué papel desempeña la sociedad en el proyecto de una psicología cristiana? Si psicólogos cristianos fuera del mundo angloparlante considerasen la idea de iniciar sociedades semejantes, ¿cuáles serían sus consejos, dada la experiencia que ya han tenido?

 

La mayoría de los cristianos en nuestro campo están comprometidos con la idea de una integración entre psicología y cristianismo, idea que es menos crítica que lo que yo soy respecto de la psicología secular, y más dispuesta a trabajar en el campo conforme a las reglas de la psicología secular. Un grupo más pequeño, que también atrae cierto interés, desarrolla consejería sólo a partir de la Biblia. Nosotros apoyamos a ambos grupos, porque creemos que ambos tienen fortalezas y que realizan un importante aporte a la consejería cristiana. Pero la psicología cristiana se ubica entre estos dos grupos, pues busca ser tanto teológica como psicológicamente sofisticada, no lo uno en lugar de lo otro. La psicología cristiana entendida de ese modo fue propuesta por primera vez como un proyecto viable por dos filósofos cristianos, C. Stephen Evans y Robert Roberts, alrededor de 1988 o 1989. La sociedad no partió sino hasta el año 2003, de modo que aún somos una organización pequeña. Son demasiado pocos los cristianos conscientes del rico potencial que tiene una orientación como ésta. Nuestra inspiración para iniciar la sociedad fue mediante contacto con IGNIS: la sociedad para psicología cristiana en Alemania, que ha trabajado en un proyecto semejante por casi 25 años. Hemos empezado a contactar a quienes trabajan en proyectos similares en Sudáfrica, Polonia, Rusia, Corea y México. Estamos llenos de esperanza y oración, esperando que Dios traiga más y más psicólogos, consejeros, filósofos y teólogos interesados en este proyecto. Quienes estén interesados en saber más sobre el desarrollo del proyecto en México (o dónde sea), me pueden escribir a ejohnson@sbts.edu

 

– ¿Qué lecturas recomendaría a cristianos que están empezando su estudio de la psicología?

 

Desde luego sólo estoy familiarizado con libros en inglés. Además de los autores que ya he mencionado, recomiendo dominar una buena teología sistemática, y que los consejeros se vuelvan expertos en doctrinas relacionadas con la salvación, como son las de la redención, adopción, justificación, regeneración, etc. El libro de C. Stephen Evans sobre la psicología de Kierkegaard y el de Roberts sobre las emociones espirituales son fundamentales. Otro filósofo cristiano que puede ser de gran ayuda es Alvin Plantinga, cuya obra Warranted Christian Belief es magnífica. Casi todo lo de Charles Taylor y Alasdair MacIntyre vale la pena. Mi teólogo contemporáneo favorito es Kevin Vanhoozer, y aprecio (con cierta precaución) el trabajo de John Milbank y el resto de los teólogos de la ortodoxia radical. Christian Smith es un sociólogo que también está haciendo un trabajo excelente.

 

Entrevistó Manfred Svensson

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