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Del holocausto a la esperanza: aproximaciones testimoniales

Escribir sobre el Holocausto desde una perspectiva hispanoamericana supone un desafío. Primero, porque la difusión sobre el tema es escasa –especialmente en Chile-; segundo, porque se está lejos de la cultura germana y todos sus inquietantes recovecos; y por último, porque no lo vivimos.

En vista de la dificultad que supone hacer un acercamiento profundo al Holocausto en un ensayo breve como éste, y dado que se han escrito muchas ideas post-holocausto que en ocasiones desfiguran el suceso, hemos optado por aproximarnos desde la perspectiva testimonial de algunos supervivientes que abordaron directamente el problema de la esperanza, después de su experiencia en campos de concentración nazis. El lector queda invitado a indagar las consideraciones teológicas y filosóficas que han surgido acerca del tema.

Consideraciones

Por convención, el genocidio nazi ha sido llamado ‘holocausto’, en referencia al concepto bíblico de sacrificio. Sin embargo, la palabra que prefieren los judíos es Shoah, que significa ‘catástrofe’ –más realista, menos religiosa-.

Hay consenso en señalar que la cantidad –aproximada- de judíos asesinados por el gobierno de Hitler es de seis millones. Sin embargo, más allá de los datos numéricos, este suceso ha llevado a diversos intelectuales a investigar las razones que movieron a una nación a aceptar y realizar una catástrofe como esta. Sobre este punto ya existe abundante literatura que el lector puede revisar[i]. Lo que exploraremos en esta reflexión no son las razones del holocausto, sino los efectos que produjo en personas que fueron víctimas.

Aclaremos una creencia. Ocasionalmente hay quienes piensan que el Holocausto tuvo como fin exterminar a los judíos por su religión. Sin embargo, esta afirmación no es del todo correcta. Más bien, la razón fundamental fue un antisemitismo –o judeofobia, como se le conoce actualmente- fundado en las teorías raciales difundidas por el nacional-socialismo. Por lo tanto, el holocausto no tuvo como fundamento el intento de exterminar la religión judía, sino lo que se mal-entendía como ‘raza judía’.

Una segunda creencia es que solo judíos fueron llevados a campos de exterminio. En realidad, la mayor cantidad lo eran, pero también había gitanos, presos políticos, rebeldes, delincuentes y otros que fueron víctimas del genocidio. Esto demuestra que el problema del Holocausto no sólo es racial, sino humano, y por lo mismo, universal.

Es cierto que el Holocausto fue una persecución racial situada en el contexto de la Alemania nazi, pero su significado traspasa las fronteras de Europa. Como hecho histórico, surgido en el contexto de la modernidad, es un ejemplo que debe alertar a toda la humanidad. Va más allá de lo religioso: es un atentado del hombre contra el hombre.

Existe una amplia variedad de escritos testimoniales; la mayoría corresponden a escritores de origen judío, y es posible distinguir dos grandes corrientes: una, que opta por el pesimismo; otra, que opta por la esperanza. La crítica literaria ha señalado que la narrativa de la Shoah es un regreso al oficio testimonial[ii], pero a su vez, ha sido motivo de discusión porque, ¿es posible representar  el horror vivido? Algunos narradores supervivientes hicieron el intento.

Dos casos

Primo Levi (1919-1987), químico y escritor italiano de origen judío, es considerado uno de los narradores más importantes de la Shoah, y específicamente del campo de concentración de Auschwitz. Su obra más connotada es ‘Si esto es un hombre’. La idea central de Levi fue que los campos de concentración eran lugares en los que se despojaba de su humanidad a las personas por medio del hambre, los trabajos forzados, los tratos brutales y la uniformidad de la apariencia. En síntesis, y en sus palabras: eran ‘animales de carga’ dentro de una ‘fábrica de la muerte’.

Sobre el problema de la deshumanización dijo: “es vergüenza. Somos hombres, pertenecemos a la misma familia humana a la que pertenecían nuestros verdugos”[iii]. Leyendo sus relatos podrá comprenderse el profundo dolor de Levi. Por lo mismo, critica con dureza el revisionismo histórico que pretende hablar del Holocausto como algo que nunca sucedió. Así, ve el testimonio como la forma más importante de expresar su angustia.

La relación de Levi con lo divino fue negativa. La experiencia de Auschwitz le llevó a un hondo pesimismo respecto de la bondad humana, y también a la negación de Dios. Pero a su vez, tuvo un atisbo su esperanza en la idea de que “el hombre es, tiene que ser, sagrado para el hombre, en cualquier lugar y siempre”. Levi, a pesar de no creer en Dios, considera que la vida debe ser un valor sagrado y por lo mismo, respetado. Sólo así, con plena conciencia, se podrá evitar un nuevo genocidio.

Imre Kertész (1929), escritor de origen húngaro-judío, nos muestra otra parte del problema. Mientras que Levi sufrió la experiencia como un joven mayor de 20 años, Kertész la vivió como adolescente, plasmada en su novela ‘Sin destino’. Su concepción sobre la validez del testimonio va, incluso, más allá de la narrativa. Además de ser uno de los escritores-testigos que se ha ocupado de resaltar el terror de la Shoah, ha sido enfáticamente crítico con lo que ha denominado ‘cultura del holocausto’. Según Kertész, estamos en una época en que se desarrolla un “conformismo del holocausto, un sentimentalismo del holocausto, un canon del holocausto… se desarrollaron los productos del holocausto para los consumidores del holocausto”[iv], es decir, el cliché cultural.

En esta nueva ‘cultura del holocausto’ se enfatiza la emocionalidad casi nostálgica, pero se pierde de vista tanto la significancia del verdadero testimonio que contiene experiencias irrepresentables, como la significancia ética del Holocausto en cuanto al valor de la vida y el respeto al ser humano. Sin embargo, Kertész da un paso por sobre la experiencia personal, y señala: “el Holocausto supone un valor en un sentido espiritual y moral y, en consecuencia, cultural, puesto que, a costa de sufrimientos inconmensurables, condujo a un saber inconmensurable”[v]. En este gesto se invierte el paradigma. Del sufrimiento sin solución, se pasa a la esperanza. Si queda registrado el sufrimiento terrible, la humanidad podrá reflexionar y aprender de ello. En este contexto, una ‘cultura del holocausto’ como la que Kertész critica, supone un estorbo al verdadero concepto que subyace en la historia del genocidio. Es vital el valor del testimonio real, pues no sólo funciona como evidencia de un terrible mal, sino que es un catalizador para re-pensar el futuro. En distintos documentos menciona el problema del exilio y la expulsión. Pero siempre existe la opción de reconstruir y re-habitar. Esto, sin embargo, es posible lograrlo solo mientras se tenga una clara conciencia histórica.

Existen diversos casos de escritores que se suicidaron ante el terror del Holocausto, por ejemplo Tadeusz Borowski, Jean Amery, Paul Celan. Incluso se dice que la muerte de Primo Levi podría haber sido un suicidio. También hubo escritores europeos de origen judío que vieron en el gobierno de Hitler una posible dictadura continental, y se quitaron la vida antes de que la guerra terminara, como es el caso de Stefan Zweig.

Esperanza

Ante este panorama en que el recuerdo, el terror y el dolor gobiernan las ideas, es difícil concebir que haya algo de esperanza. Pero Kertész, consciente tanto de la trágica tradición literaria que le precede, como de su propia experiencia, señala: “Y si ahora me preguntan qué me mantiene aquí en la tierra, qué me mantiene con vida, responderé sin vacilar: el amor”. Esa es la razón por la que aún, con más de 80 años, habita el mundo.

Estos dos ejemplos escogidos ilustran, de modo muy escueto, la amplitud del tema. Esperamos que el lector se interese en profundizar los aspectos que han sido brevemente revisados.

La literatura universal se ve enriquecida con ambos aportes. No sólo son autores de origen judío que experimentaron la gran catástrofe del siglo XX. Son personas que intentaron describir la perversidad humana, se cuestionaron los fundamentos de la existencia, y concluyeron que la forma de alcanzar el bien no es el discurso inclusivo, sino la valoración práctica de la vida. Este es el principio que la Shoah ha recordadoa todas las creencias y naciones. Aprehendido esto, tal vez se pueda dar ese nuevo paso, del holocausto a la esperanza.


[i] Por ejemplo, “modernidad y holocausto”, de Zigmunt Bauman, o “¿por qué el Holocausto?” de Saul Friedlander.

 

2Un texto que profundiza en el trabajo literario relativo al Holocausto es “Narradores de Auschwitz” (Ed. Lilmod) escrito por Esther Cohen. La autora hace un recorrido por los principales novelistas y poetas de origen judío.

 

[iii] Las citas de Primo Levi corresponden a la compilación de textos “Vivir para contar”. De los discursos “deportados. Aniversario” (29-32) y “monumento en Auschwitz” (33-38)

 

[iv] Del ensayo “¿de quién es Auschwitz?”, compilado en el “Un instante de silencio en el paredón” (Ed. Herder)

 

[v] Tomado del ensayo “La lengua exiliada”, compilado dentro de un libro con el mismo título.  (Ed. Taurus).

 

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