Estudios Evangélicos

¡Bienvenidos!

#

Educación teológica reformada en América Latina: proliferación, tensiones y oportunidades

Durante los últimos años, hemos sido testigos de la proliferación de seminarios e institutos teológicos en América Latina, lo que podría ser visto como un “buen síntoma” respecto al aumento en el interés por la formación teológica, pero que al mismo tiempo genera algunos problemas que debieran ser abordados. Primero que todo, cuando me refiero a esta proliferación de instituciones teológicas, estoy pensando en el sector de las iglesias protestantes y evangélicas que conozco: el mundo reformado en todas sus variantes (aún cuando existan discrepancias desde el sector presbiteriano sobre qué es ser realmente reformado, en términos históricos y teológicos) [I].

La gran dificultad que identifico, y que es desde la cual se desprenden todas las demás, es la creación de instituciones educativas de la misma manera como se crearía una empresa (en estos casos se trata de microempresas): se provee una oferta ante la constatación de una demanda. El problema no pasa tanto por las motivaciones sino por el hecho de que la mayoría de estas instituciones no cumplen con los estándares mínimos de calidad. Por ejemplo, el cuerpo docente de muchos establecimientos no cuenta con la capacitación mínima para impartir clases, mucho menos una especialización en el área de los cursos que están enseñando. En algunos casos, podemos constatar que si cuentan con capacitación e incluso con posgrados, pero que han sido otorgados por instituciones que son igualmente de dudosa calidad académica [II]. Para qué hablar de la no existencia de convenios, movilidad de profesores y estudiantes, investigación, publicaciones, etc.

Estas falencias no solo muestran una débil estructura institucional, sino que de uno u otro modo repercuten en el hecho que estos establecimientos no sean espacios de reflexión crítica y producción de conocimiento, sino solo de traspaso de información de una muy limitada cultura teológica

Con esto me refiero al hecho que no se conoce nada más allá de la teología reformada conservadora anglosajona, que representa a un sector muy pequeño de la producción teológica a nivel mundial. Por ejemplo, se ignora totalmente el mundo franco-alemán, que ha dominado el quehacer teológico occidental en los últimos dos siglos, o las teologías asiáticas y africanas [III].

Un ejemplo bastante concreto respecto a proyectos académicos que se fundan a partir de la iniciativa de personas que no cuentan con las herramientas necesarias en gestión educacional de establecimientos teológicos, lo podemos ver cuando esas instituciones imparten, al mismo tiempo, la Licenciatura en Teología y el Magíster en Divinidad, como si este último fuese la continuidad natural de la primera; un programa de posgrado para aquellos que ya tienen la formación de base. Cualquier persona que conoce medianamente cómo funciona la educación teológica en Occidente, sabe que el Magíster en Divinidad es un posgrado creado en el mundo anglosajón para que las personas con llamado pastoral y que han realizado un B.A. (Bachelor of Arts) puedan acceder a la ordenación. Dicho de otro modo: el magister en divinidad es el primer grado en teología para que una persona que cuenta con estudios en otra área pueda acceder al ministerio ordenado, no es un posgrado de especialización; es, por decirlo de alguna manera, el “equivalente” de una licenciatura en teología en la Europa continental o en América Latina.

Ante este problema ¿Cuáles podrían ser las posibles soluciones? Primero que todo, debemos entender que nuestro contexto eclesial y teológico es distinto al de Europa, Asia o Norteamérica. En Latinoamérica son muy pocas las facultades de teología protestante o evangélica que forman parte de alguna universidad reconocida por el estado [IV]; y de esas pocas que existen, en su mayoría no son reformadas ni filo-reformadas.

Además, la creación de instituciones teológicas parte del principio de libertad de enseñanza, en cuya base se encuentra el derecho a la educación, reconocido por los tratados internacionales y las convenciones de Derechos Humanos, así que sería erróneo pensar que el estado debe regular la creación o no de estos establecimientos; las soluciones no deberían responder a pulsiones totalitarias.

Teniendo esto en cuenta, nos encontramos ante la existencia de instituciones denominacionales [V], inter-denominacionales [VI] y para-eclesiales [VII]. Las primeras son aquellas sostenidas por una denominación, las segundas son aquellas que han sido creadas y sostenidas por varias y las últimas son aquellas que nacen de iniciativas personales, tanto de un individuo o de varios, que se materializan por medio de asociaciones o fundaciones y que no responden a ninguna denominación en particular.

Creo que las primeras y segundas tienen más oportunidades de convertirse en proyectos académicos sostenibles en el tiempo, que podrán lidiar mejor con las dificultades respecto a la calidad académica. Cuando se trata de una institución que tiene que responder a una o varias denominaciones, hay más posibilidades que esa o esas iglesias hagan un mayor esfuerzo por invertir en recursos humanos y financieros como en subsanar las falencias que el establecimiento pudiese estar sufriendo. En el caso de los seminarios o institutos teológicos para-eclesiales, esto se vuelve muy difícil, ya que dependen del esfuerzo de un grupo pequeño de personas; este esfuerzo necesita algunos elementos mínimos como punto de partida: recursos financieros, perseverancia, conocimiento de gestión educacional y de la educación teológica en particular. Si no se cuenta con uno de estos elementos, difícilmente el proyecto podrá perdurar más allá de algunos años.

Por último, aunque el estado actual de las cosas es preocupante, esta preocupación debe ser vista con moderación. Las denominaciones históricas tienen la gran oportunidad de construir proyectos educativos fuertes, con perspectivas de desarrollo en el tiempo, ya que cuentan con los recursos y con la estructura necesaria para llevar adelante iniciativas que puedan ser un aporte a la reflexión y producción teológica en Occidente. Ya han pasado algunas décadas desde que emergieron en América Latina las teologías de la liberación, que independientemente de nuestra posición más o menos crítica de esta corriente, y junto al hecho de que el español es la segunda lengua más hablada en el mundo, demuestra que nuestro continente es tierra fértil para el florecimiento de propuestas teológicas que busquen dar respuestas pertinentes en estos tiempos turbulentos.

Notas

[I] Presbiterianos de todas las tendencias, bautistas-reformados, pentecostales-reformados, anglicanos, etc.
[II] Uno de los parámetros para saber si un seminario teológico norteamericano cumple con los estándares mínimos de calidad, es ver si está o no acreditado por la Association of Theological Schools in the United States and Canada (Asociación de Escuelas Teológicas en Estados Unidos y Canadá, ATS). Uno podrá encontrar cuestionable el nivel de algunas de las instituciones que han recibido el reconocimiento por parte de esta instancia, pero no podemos desconocer que es el instrumento oficial utilizado en el contexto norteamericano.
[III] Tema aparte es la frágil formación que imparten en el área de las ciencias bíblicas (exégesis y lenguas). Probablemente se trata de uno de los puntos más débiles de la educación teológica en América Latina.
[IV] Universidad Evangélica de las Américas y Universidad Bíblica Latinoamericana, ambas en Costa Rica; la Universidad Martin Luther King Jr. en Nicaragua y la Corporación Universitaria Reformada en Colombia, entre otras.
[V] Algunos ejemplos chilenos son: Seminario Teológico Bautista, Centro de Estudios Pastorales (CEP) y Seminario Teológico Presbiteriano.
[VI] Por ejemplo, la Comunidad Teológica Evangélica de Chile.
[VII] Ejemplos: Instituto Bíblico Nacional, Instituto Teológico Reformado, Seminario Martin Bucer.

Gonzalo David es Master en Teología (Institut Protestant de Théologie – Faculté de Paris, Francia) y actualmente cursa un programa de doble Doctorado en Filosofía y Teología (Université Paul Valéry / Institut Protestant de Théologie – Faculté de Montpellier, Francia). Además es miembro del laboratorio CRISES (Université Paul Valéry, Francia) y del núcleo de estudios Fe Pública (Chile).