Estudios Evangélicos

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En el balcón y en el camino. Una topografía habitada para pensar la teología. Presentación a la obra de Luis Pino Moyano

En primer lugar, quisiera agradecer a Luis Pino Moyano por la invitación a presentar este libro. Presentar un libro, reseñarlo, es tratar de adentrarse en las motivaciones del autor, es rastrear cuáles son las influencias teológicas, filosóficas, sociales y, en este caso, pedagógicas, que movieron la escritura de este texto. La lectura y comentario de este texto, buscará realizar la lectura desde estas claves. Un segundo agradecimiento a Gonzalo David y a todo el equipo de la Editorial Ediciones del Pueblo por gestionar y promover la publicación de nuevas narrativas teológicas. Finalmente, agradecer a todos los que se van reuniendo y que nos acompañan telemáticamente en la presentación del libro.

¿Qué es el balcón y el camino? Reconozco estos espacios como topografías habitadas. Todos tenemos la experiencia de conocer y/o tener un balcón. Todos hemos ido de camino hacia a algún lugar. Estos espacios, desde la propuesta filosófica de Michel de Certeau, tiene una doble perspectiva: son lugares proyectados, ideados, dibujados en un plano. Junto con esto que denominamos ciudad proyectada, encontramos lo que se denomina ciudad habitada, topografía habitada, la cual es tal porque los cruces humanos van permitiendo que esa mera idea bosquejada en un papel tome cuerpo, vida, narrativa, deseos, espíritu. Lo que Luis Pino nos regala en su obra es adentrarnos en su propio balcón y hacernos partícipes y compañeros de su propio camino. Cada vez que tomamos un libro y nos adentramos en su lectura, surge lo que los autores de la hermenéutica denominan la magia de la lectura. En ella, lector-obra-autor van implicándose y permitiendo que las ideas expresadas en el papel se transformen en palabras vivas, interpeladoras, sugerentes. Luis Pino es capaz de invitarnos a recorrer el camino de la teología, de la filosofía, de la historia, del fútbol (su gran pasión) y de la pedagogía. Incluso, llega a ser una topografía habitada en las mismas formas por medio de las cuales el autor expresa su llegada al nombre del blog: un viaje en microbús, un año muy específico, unas motivaciones reconocidas, unas comunidades eclesiales, unos espacios pedagógicos y formativos.
Las topografías habitadas sólo se entienden a la luz de las topografías habitadas. Este es, quizás, el más importante antecedente del libro: no es una teología al margen de los cruces urbanos, sino que se ha ido pensando y realizando en medio de los cruces urbanos, familiares, personales, amorosos, transformadores. Pienso que este sitz im leben, este lugar vital de Luis Pino y de su obra, es el carácter que da sentido a la obra que estamos presentando.

En segundo lugar: desde el balcón y en el camino accedemos, participamos y construimos una determinada cosmovisión. En el libro de Luis Pino el tema central es la cosmovisión, es decir, el cómo interpretamos, imaginamos, damos luces, construimos, deconstruimos los imaginarios de nuestro tiempo. La cosmovisión cristiana que Luis Pino presenta de manera argumentada, razonada y sugerente, tiene como centro articulador el vínculo entre Dios y el ser humano. Hay una antropología teológica y una cristología fecundadas por la visión de las culturas actuales. Algo le dicen las culturas a la experiencia cristiana y algo busca expresar la experiencia cristiana a la cultura actual. En las varias preguntas que el autor nos ofrece en su obra encontramos algunas que son muy interesantes: ¿cómo trabajar en la misión de Dios? (p.5), ¿cómo debe ser nuestra actitud? (p.21), ¿contra qué estamos protestando y luchando hoy? (p.54). A través de las preguntas Luis Pino nos invita a adentrarnos en la visión de un Dios actuante en la historia que invita al ser humano a actuar en razón de la misión del Reino. La cosmovisión tiene un lugar de observación: el balcón y el camino. Esto pienso tiene un sentido bien determinado: hacemos la experiencia de Dios en medio de nuestros espacios cotidianos. La cosmovisión, lejos de suponer una abstracción, una suerte de escapismo, involucra un compromiso concreto con el mundo en el que se hace experiencia cosmovisional. Si miramos atentamente el índice de la obra (sólo mencionaré algunos dejando al lector el proceso de búsqueda y conocimiento de la obra), Luis Pino teje propuestas en las que lo político está fecundado por lo teológico, en donde lo teológico tiene que ver con los derechos humanos, en donde la voz de las disquisiciones sociales va siendo un terreno de cultivo para la lectura de la Biblia. Pienso que la propuesta de Luis Pino abre un terreno que en muchas comunidades se desconoce o no se quiere ver: que la experiencia creyente (la cosmovisión cristiana) algo le exige, le pide, le dice a la cosmovisión social y cultural. Y esto se realiza desde balcón y en el camino. Una topografía habitada que permite habitar los problemas y proponer salidas a los problemas detectados.

En tercer lugar, el sentido pedagógico de la obra. Luis Pino es profesor. Tiene la vocación de acompañar el tejido de sueños de muchos rostros. La sagrada profesión de la enseñanza, de la que también tengo el gusto de ser parte, la percibo como una forma de compartir el pan teológico. Digo “compartir el pan”, porque la palabra acompañamiento posee, en su sentido etimológico, el partir el pan, el dar de comer a otros, el permitir que la vida vaya fluyendo. El blog de Luis Pino, al que he visitado en un sinnúmero de ocasiones es un testimonio de ese ser-pedagógico. Quisiera compartir una anécdota con Luis. Cuando en Chile se dio lugar a la discusión de si la asignatura de Historia (Luis es profesor de Historia) se reduciría en el currículo escolar, escribí por Facebook a Luis, preguntándole cómo entender el fenómeno. Ese sentido de buscar una palabra de consejo en aquellos que han hecho un camino y que continúan haciéndolo, es lo que percibo también en la obra que estamos presentando. Este hijo reflexivo, como es un libro, permite acercarnos a una mirada nueva. Y esto lo digo también a nivel muy personal. Provengo de la tradición católica, y con Luis y su obra he podido conocer nuevos conceptos y aproximaciones teológicas: la plantación de Iglesias, el neocalvinismo, el sentido de lo reformacional, esto tan interesante de una teología libre de colonizaciones, la gracia común y otros conceptos. Con ello, estoy pensando (en voz alta, como dice Luis Pino en uno de sus capítulos) que el libro tiene la particularidad de ser pedagógicamente ecuménico o de proponer un acercamiento pedagógico a temas que son de relevancia transversal al cristianismo. Quizás Luis no pensó, en una primera instancia, el sentido ecuménico. Como decimos en lectura bíblica: estoy creando una hipótesis de lectura. Pero ese es justamente el sentido de la magia de la lectura: el texto no nos llegará a todos por igual, y en esa diferencia de lecturas, va desplegándose una teología, una pedagogía, una mirada humana que, siento, no nos deja indiferentes.

Finalmente, y para ser muy riguroso en el tiempo que los organizadores nos han propuesto: quisiera volver a agradecer a Luis Pino por la invitación a leer su obra y poder presentarla. Gracias también a Ediciones del Pueblo por el trabajo realizado. Y la invitación a que podamos conocer la propuesta de Luis, de dejarnos sorprender por su escritura y, desde ella, comprometernos para la construcción de una sociedad más justa, de ese compromiso del cual sé Luis Pino es actor y parte activa.

*Juan Pablo Espinosa Arce, Facultad de Teología UC, Universidad Alberto Hurtado, jpespinosa@uc.cl.

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