Estudios Evangélicos

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Esperanza más allá de la frustración: sabiduría bíblica para el apocalipsis cultural

Cuando hablamos sobre nuestra buena nueva, no la reconocen -o no pueden reconocerla- como buena noticia en absoluto. La frustración probablemente ha sido una tentación perenne, pero hoy es especialmente intensa.

Puede ser frustrante ser cristiano. Afirmamos conocer el secreto del universo, y conocerlo personalmente. Jesús es el centro de la historia, el Camino, la Verdad y la Vida, aquel en quien todo -todo- es coherente. Nuestra buena nueva es buena nueva acerca de todo para todos, el tipo de noticia que todos necesitan si quieren evitar el desastre total.

Un gran número de personas no escucha. No importa cuán atractiva hagamos la fe cristiana. No importa que expliquemos que la buena nueva sigue el grano del diseño del mundo. Para muchos, esto viola todo sentido común. No le encuentran la más mínima plausibilidad. Cuando hablamos sobre nuestra buena nueva, no la reconocen -o no pueden reconocerla- como buena noticia en absoluto.

La frustración probablemente ha sido una tentación perenne, pero hoy es especialmente intensa. Sostenemos que el aborto es un asalto al más vulnerable, que constituye una guerra contra una de las glorias de la mujer, la capacidad de concebir y dar a luz y nutrir a un nuevo ser humano. Insistimos en que el matrimonio está diseñado para ser una unión-en-la-diferencia que presagia el destino último del cosmos. Argumentamos que las biotecnologías contemporáneas mecanizan y comercializan seres humanos. Pocos escuchan. Pocos encuentran significativos nuestros argumentos, mucho menos persuasivos. Los cristianos usualmente se quejan sobre las caricaturas de los medios, pero no hay en esto conspiración de los medios. Cuando resistimos el aborto o insistimos en que el matrimonio requiere a un hombre y una mujer, todo lo que oyen es el fanatismo retrógrado de mojigatos entrometidos.

Muchos lectores habrán visto una alusión a lo que los sociólogos del conocimiento llaman “estructuras de plausibilidad”. Las estructuras de plausibilidad son disposiciones sociales que proveen respaldo a creencias en un contexto de relatividad epistemológica y moral. Ahora todos nosotros somos herejes, ha sostenido Peter Berger, porque en las condiciones de la modernidad ninguno de nosotros respalda un modo tradicional de vida sin cuestionarlo a la vez. Todos escogemos la forma en que vivimos, y lo hacemos con plena conciencia de las otras opciones que podríamos haber seguido. Esto es altamente desorientador, y por eso necesitamos respaldo social para mantener los modos de vida que hemos escogido. La estructura de plausibilidad destaca el hecho de que nuestras creencias acerca del mundo son moldeadas y sostenidas al interior de ciertos contextos sociales y culturales. Necesitamos estar alrededor de otros que crean y actúen como nosotros lo hacemos, y los correligionarios que nos rodean pueden hacer que nuestras creencias parezcan inevitables. Si todo aquel que yo conozco es menonita, ser menonita parecerá tan natural como los narcisos de primavera.

Cuando las instituciones de los medios, la educación, la ley, la ciencia social, etc., todas nos dicen que el matrimonio no es más que una asociación erótica temporal, que los fetos son bultos de tejido que una mujer tiene el derecho de remover de su cuerpo,  que los deseos y actos homosexuales son moralmente indiferentes, hay presión a creerlo así. ¿Cómo se podría argumentar contra la ciencia? Cualquiera que descrea llamará la atención. Cualquiera con un mensaje diferente será percibido como insoportablemente arrogante.

La frustración es una respuesta entendible, pero es una postura pública inefectiva y peligrosa. Puede llevar a la retirada. Le presta una dosis de amargura a nuestra retórica pública. Puede estallar en violencia. Necesitamos un antídoto para la frustración que permita una postura pública infundida con las virtudes teológicas de la fe, la esperanza y el amor. ¿Cómo podemos cultivarlas? Una de las formas en que aprendemos las virtudes es a través de ejemplos. Justamente sobre este punto, sugiero que hay lecciones por ser aprendidas en las Escrituras.

Por qué el Cristianismo no es ‘conservador’

En el principio de su historia, Israel carecía de todo lo que hacía nación a una antigua nación. No tenía rey, ni templo, ni sacerdocio, ni tierra, ni virtualmente gente. Los patriarcas iban de lugar en lugar, estableciendo una ciudad-carpa temporal aquí y allá, construyendo un altar dondequiera que paraban. Yahvé había llamado a Abram de Ur y le prometió, como Pablo dice, el mundo. Con todo, como el escritor a los Hebreos célebremente lo pone, Abraham murió sin ver el cumplimento de ninguna de esas promesas. Eventualmente las promesas se cumplieron, y aún están siendo cumplidas. La semilla de Abraham está aún multiplicándose como la arena y las estrellas, bendiciendo naciones, heredando la tierra. Para Abraham, sin embargo, era un asunto de fe; él vio solo los contornos vagos de una ciudad en un horizonte distante.

En el Éxodo, el mundo de Israel cambió. Moisés bajó del Sinaí con instrucciones para un nuevo estilo de vida y adoración. Abram no tuvo que preocuparse sobre reglas de pureza; Sara no estaba sucia después del parto; Jacob no fue excluido de la presencia de Dios a causa de sus emisiones nocturnas. Abram podría establecer un altar dondequiera que quisiera, y no tuvo que confiar en una casta de especialistas sacrificiales para acercarse a Dios. Él era su propio sacerdote. Después del Sinaí, todo fue diferente. Israel tuvo que observar las reglas de pureza y evitar la deshonra. No cualquiera podría acercarse o tocar un altar, sino solo los pocos escogidos, los descendientes de Aarón, únicos designados como sacerdotes.

A algunos no les gustaron las innovaciones. La rebelión de Coré fue una reacción “conservadora” contra Moisés. Coré insistía en que cada israelita era un sacerdote, totalmente calificado para acercarse al altar. Juzgado estrictamente por la tradición, estaba exactamente en lo correcto: estaba por la antigua religión patriarcal. El templo de Salomón fue otra innovación, centralizando el sacrificio en un solo santuario (como en Deuteronomio 12). En contraste, los lugares altos de Israel eran centros de la religión “conservadora”. Muchos lugares altos habían sido lugares de adoración por mucho más tiempo que el Monte de Moriah. La tradición de la adoración en lugares altos era fuerte y estable. Israel había adorado siempre en cada colina alta y bajo cada árbol frondoso, ¿y quién era Jeremías para cambiar esto?

Tal como Moisés y Salomón, Jesús era un revolucionario, lo mismo que Pablo. La venida del reino trajo un cambio radical para el sacerdocio y la adoración. Las reglas de pureza y las antiguas sombras y rangos de santidad de pronto se volvieron obsoletas. Los saduceos, fariseos y posteriormente los judaizantes fueron los conservadores de la sagrada tradición. No es de sorprender que atacaran a Jesús y los apóstoles con vehemencia. Jesús interrumpió los fundamentos de la vida judía y amenazó el futuro de Israel.

Fe, esperanza y amor en el entretanto

De este parcial y altamente selectivo resumen, podemos extraer algunas lecciones. La lección número uno es acerca de la fe. Abraham organizó toda su vida alrededor de las promesas de Dios que no vivió para ver. Puso más confianza en la promesa de Dios que en su propia mirada. Esto es lo que significa vivir por fe.  La fe es humilde, pero puede parecer absurdamente arrogante. Si las promesas de Yahvé habían de ser creídas, Abram, un rico pero pequeño jeque serpenteando entre Caldea y Egipto, transportaba el destino de la raza humana en su mochila. Egipto peleó sus guerras, Babilonia construyó sus torres, pero los eventos de importancia duradera estaban sucediendo en un rincón –en el sueño de un hombre aterrorizado, su esperanza por un heredero, el día que cortó el prepucio de todos los hombres de su hogar, la visita de tres hombres a la tienda de Abraham, el nacimiento y luego sacrificio de un hijo.

En fe, organizamos nuestras vidas alrededor de lo que Dios ha prometido, no de lo que podemos ver. ¿Qué ha prometido Él? El monte de la casa de Yahvé será establecido como cabeza entre los montes, para que las naciones fluyan a aprender la instrucción de Yahvé, para convertir sus espadas en arados y nunca aprender la guerra. La pequeña piedra del reino hace polvo el monumento del imperio, entonces se convierte en una montaña que cubre la tierra. La más pequeña semilla se transforma en un árbol en que las aves y las bestias encuentran refugio. Jesús es la simiente de Abraham e hijo de David, se le ha dado las naciones como herencia para reinar.

La lección número dos es sobre la esperanza. La fe de Abraham era “esperanza contra esperanza” (Romanos 4:18). Sara era estéril; Dios le dijo que concebiría un hijo; creyendo en Dios, Abraham esperaba por un hijo. Abraham no poseyó tierra; Dios le prometió el mundo; creyendo en Dios, esperó heredar lo que le fue prometido.

La esperanza está afirmada en una ‘ontología’, creencias acerca de cómo es el mundo, creencias reflejadas en la historia revolucionaria de innovación Israelita, y enraizadas en la creación. Dios hizo todo desde la nada. Como Señor, Él puede y rehace el mundo. Como lo plantea el pensador germano-americano Eugen Rosenstock-Huessy, confesar el credo es confesar que el mundo termina una y otra vez. Como muestra, los conservadores de la Biblia –Coré, los sacerdotes de los lugares altos, los sacerdotes saduceos- negaban que Dios fuese creador. No creían que el Dios que creó el mundo estaría activo en él. Los “conservadores” no pueden tener esperanza. Y no buscan tenerla. Quieren que el mundo permanezca en un estado estable por siempre. La esperanza mira a un Señor viviente, un Dios activo que trabaja y vuelve a trabajar, que moldea una olla, la quiebra, y la moldea nuevamente.

La esperanza es anti-frustración, porque nos da confianza en que el mundo no permanecerá por siempre tal como es ahora. En el presente, el evangelio y la forma de vida que implica suena como un ruidoso gong y un címbalo que retiñe. Los ojos y los oídos de muchos están cerrados. Pero servimos a un Dios que sana al ciego y abre los oídos con un toque. Hoy, las estructuras de plausibilidad neutralizan nuestro mensaje, pero el Dios viviente derriba las plausibilidades para levantar otras frescas.

En la esperanza creyente, sabemos que de nuestro lado hay algo más que la historia. No tenemos que apresurarnos; no tenemos que airarnos; podemos poner límite a nuestra temeridad. Podemos hablar con gentil bondad aun a los enemigos; podemos dar muerte al instinto por el que la oposición y el fracaso nos provocan. Así llegamos a la tercera lección: en esperanza y fe, podemos hablar y actuar en amor.

 

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Originalmente publicado en Comment. Traducido con autorización. Traducción de Luis Aranguiz.

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