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Juan Calvino en la tradición intelectual cristiana. Entrevista con Paul Helm

Calvino no fue un filósofo, pero usó los frutos de la filosofía. Lo hizo del modo característico de la aproximación de una “fe que busca comprender”.

Paul Helm ha sido profesor de filosofía de la religión en el King’s College de Londres y es actualmente profesor de teología en el Highland Theological College y de filosofía en Regent College. Entre sus libros se encuentran Fe y Razón (Faith and Reason, Oxford University Press, 1999), Las Ideas de Juan Calvino (John Calvin’s Ideas, OUP, 2006) y Calvino: Una Guía para los Perplejos (Calvin: A Guide for the Perplexed, T&T Clark, 2008). Al finalizar el 500 aniversario del natalicio de Juan Calvino en 2009, hemos conversado con él sobre el lugar de reformador en la tradición intelectual cristiana.

Como filósofo dedicado al estudio de Juan Calvino, ¿cómo describiría su lugar en la historia del pensamiento cristiano? ¿Lo ve fundamentalmente como alguien en continuidad con la previa tradición intelectual cristiana o como un punto decisivo de quiebre?

Una respuesta en tres palabras sería “cambio y continuidad”. Calvino fue un conservador, un cristiano católico (con “c” minúscula), que adhería a los credos ecuménicos y a la herencia patrística. Sus héroes y mentores fueron Agustín y Bernardo de Claraval. El cambio se encuentra en la soteriología, particularmente en el desmantelamiento del esquema medieval de los méritos y de la transmisión sacramental de la gracia divina. Esto es reemplazado en Calvino por una “teología del Espíritu Santo” como el que guía a hombres y mujeres a la fe en Cristo, a vivir de sus promesas y a gozar de sus actos de iluminación y renovación. Nadie merece el Espíritu. Sus frutos no son por mérito, sino sólo don de la gracia de Dios

De entre tantas otras figuras de la historia del pensamiento cristiano, ¿cómo se formó en usted un interés específicamente por Calvino? Después de todo, la mayor parte de la obra de él es de exposición de las Escrituras…

Lo que me ha llevado a escribir sobre él durante los últimos años es el haber notado el interés que él tuvo por la filosofía, la naturaleza y los límites de dicho interés. Calvino no fue un filósofo, pero usó los frutos de la filosofía. Lo hizo del modo característico de la aproximación de una “fe que busca comprender”, en su caso de un modo ecléctico pero significativo: donde consideró que era útil, usó parte de Platón, de Aristóteles, de los estoicos y algunas distinciones medievales.

¿Hay aspectos de su pensamiento que usted considere hayan sido seriamente descuidados y que puedan ser recuperados mediante una lectura de las “ideas” de Calvino en lugar de centrarnos más estrechamente sólo en su teología?

Demasiadas veces los estudiosos remiten a Calvino en las notas al pie, sin evaluar su obra línea por línea. En parte mi propósito ha sido dejar que Calvino hable por sí mismo, y en parte verlo a través de un lente filosófico. El hecho de que es un pensador de la Edad Media tardía, que asumía la realidad e importancia de la ley natural, son dos tópicos que reciben renovada atención por la aproximación común de la filosofía y la teología.

Uno de los puntos en que su lectura de Calvino se aleja de las exposiciones más usuales de su obra es la ley natural. Es un hecho que Calvino escribe sobre este tópico, y de un modo similar a como fue tratado en la tradición medieval. Sin embargo, muchos calvinistas no reconocen esto como lo hace usted. ¿Tal vez nos puede explicar algo sobre el trasfondo de esta aparente incapacidad de ver lo que las palabras de Calvino están diciendo?

El eclipse se debe en parte a la represiva influencia de Karl Barth, para quien la idea de que la naturaleza o la ley natural desempeñen un papel positivo en la construcción teológica es anatema. Esta lectura de Calvino como alguien que dio las espaldas al mundo medieval y como un revolucionario en materia teológica ha sido continuada en este sentido por seguidores de Barth como T.H.L Parker.

El desdén respecto de este tópico va de la mano de una caricatura de Tomás de Aquino, una caricatura que lo presenta enseñando que lo natural no fue afectado por el pecado. ¿Nos puede explicar por qué es relevante corregir una imagen incorrecta de autores medievales? ¿Sólo es relevante para la cultura intelectual o también tiene implicaciones más profundas para la vida de la Iglesia?

Bueno, ¡ciertamente importa poner orden en los registros! Esto muestra que la fuerza de Agustín continuó desplegándose durante el período medieval, aunque algunos como Cayetano hayan intentado reelaborar la teología de Tomás de Aquino de un modo anti-augustiniano. Reconocer estas similitudes refuerza los puntos de continuidad entre la Reforma y la Edad Media tardía. Si acaso esto también sea importante para las “relaciones ecuménicas” es algo difícil de decir.

Ahora bien, aunque usted enfatiza muchos puntos en que Calvino y Tomás de Aquino están de acuerdo, también discute algunas diferencias, por ejemplo respecto del papel epistemológico desempeñado por el Decálogo. ¿En qué sentido son diferencias que pueden ser relevantes para nuestra aproximación diaria a decisiones morales?

Sí, hay una diferencia, pero es de grado. Creo que, entre otras cosas, la concepción de los dos reinos que hay en Calvino (que comparte con Martín Lutero, desde luego, y puede haber derivado de él) nos permite reconocer la validez de la moralidad común, al mismo tiempo manteniéndonos a salvo de la idea de que tal moralidad sea la suma y sustancia de la ética cristiana. Los filósofos morales paganos, crecientemente imitados por los católicos medievales, eran, en palabras de Calvino, “ciegos como mulas”, pues no tenían ninguna comprensión de la caída y sus efectos sobre la naturaleza y acción humanas.

En el pensamiento reformado contemporáneo hay una frecuente apelación a Calvino. Así, por ejemplo, en la epistemología de Plantinga o en el pensamiento cultural y político de Kuyper, Dooyeweerd y sus seguidores. Como alguien que ha publicado no sólo respecto de Calvino, sino también sobre el posterior calvinismo, ¿cómo evalúa usted estos proyectos filosóficos?

 

En breve, creo que la apelación de Plantinga al sensus divinitatis de Calvino como un precedente de su propia epistemología “reformada” es más bien anacrónica. Calvino está más preocupado por la responsabilidad humana que por la racionalidad humana, la cual es una preocupación más bien del mundo ilustrado. Por otra parte, la reconstrucción que hace Plantinga de la idea de testimonio interno del Espíritu Santo es excelente. De un modo similar, creo que el proyecto de los neocalvinistas holandeses, particularmente la idea de desarrollar una “visión cristiana del mundo y de la vida” es más propia de la Ilustración que de la Reforma. Esto no quita que hay cosas de interés e importancia en la obra de todos estos pensadores.

Calvino desde luego es una figura central para la tradición reformada, ¿pero podría decirnos en qué modos puede ser importante también para otras tradiciones cristianas?

Bueno, ¡he escuchado que hay pentecostales calvinistas! Aparte de este interesante desarrollo, creo que hay dos sentidos, al menos, en que Calvino es importante. Calvino es teocéntrico de un modo que el arminianismo, característico del pentecostalismo, nunca puede ser. Y en cuanto a la relación del cristiano con el mal, con el mal propio y el que encuentra en otros, Calvino está en otro mundo. Además de todo esto, los comentarios bíblicos de Calvino son un recurso permanente para todas las ramas de la Iglesia, y debieran estar en la repisa de cada ministro del Evangelio.

¿Tres buenos libros que hayan aparecido durante el año Juan Calvino 2009?

La traducción inglesa (por Elsie Anne McKee) de la edición francesa de 1544 de Institución, la nueva biografía de Bruce Gordon y, (¡por supuesto!), Calvino en el Centro, de Paul Helm, que no ha aparecido pero debiera aparecer en noviembre.

 

Entrevistó Manfred Svensson

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