Estudios Evangélicos

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¿La divinidad de Jesús relegada al calabozo?

Nota del traductor

Se han escrito muchos artículos y libros sobre la divinidad de Jesús. Visto de esa manera, este breve texto no aborda un asunto nuevo para la teología cristiana, sino uno que viene siendo objeto de debate desde el primer siglo. Su particularidad se encuentra en el contexto en el cual aparece: la redacción de una nueva declaración de fe de la Iglesia Protestante Unida de Francia. Esta denominación es la unión de la Iglesia Reformada de Francia y de la Iglesia Evangélica Luterana, hito que ocurrió en el año 2012, después de un proceso que duró varios años. Como resultado de esta unión, la nueva iglesia consideró necesario hacer una confesión que representase a reformados y luteranos. La redacción de esta nueva declaración no estuvo exenta de opiniones dispares. El texto fue estudiado y debatido en los consejos locales y regionales, antes de ser ajustado y aprobado por el sínodo nacional. En este proceso, algunos miembros de la agrupación Les Attestants (movimiento de réveil en el seno de la Iglesia Protestante Unida de Francia) cuestionaron ciertos puntos y propusieron modificaciones para alinear la declaración con las grandes confesiones cristianas.

¿La divinidad de Jesús relegada al calabozo?

El proyecto de Declaración de Fe de la Iglesia Protestante Unida de Francia no menciona la divinidad de Jesús. Es verdad que algunas personas cuestionan esta identidad… ¿Es aceptable dejar semejante desenfoque evadiendo el asunto para preservar el consenso? Yo quisiera dar mi punto de vista sobre este tema que es para mí de la más alta importancia teológica y espiritual.

Una verdad bíblica explícita

El Nuevo Testamento va directo al grano: La epístola a los Romanos habla de Cristo diciendo que “es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:5), la epístola de Tito evoca a Jesucristo como el “gran Dios y salvador” (Tito 2:13) y el discípulo Tomas exclama frente a Jesús resucitado “Mi salvador y mi Dios” (Juan 20:28).
Algunas consecuencias fundamentales para un cristiano

• Es legítimo que Jesús sea adorado así como lo ordena el Padre (Hebreos 1:6, por ejemplo), excepto si pensamos que Dios ordena adorar a un hombre, incluso un super profeta, motivando así la idolatría (Mateo 4:10).

• Tú puedes tener total confianza en Jesús para perdonarte y salvarte porque él es Dios mismo. Si Jesús no es Dios pero pones tu fe en él, tu pones tu confianza en un hombre y es, al menos, una grave ilusión (Isaías 43:11).

• ¿Qué pasó en el monte Gólgota? ¿Dios dejó que un hombre fuese torturado para satisfacer su justicia o soportó en su ser mismo este abominable sufrimiento por amor a la humanidad? Reconocer o no la divinidad de Jesús te pone delante de estas alternativas: Dios es un verdugo malvado o el que te ofrece su justicia y su vida (2da Corintios 5:19-21).

• Si Jesús se dejó adorar sin reprocharlo (Mateo 14:33; Lucas 24:52; Juan 9:38; etc.) se debe concluir que él 1) o estaba loco 2) o era un manipulador 3) o es Dios. Yo te aconsejo resolver esta cuestión si buscas la legitimidad de la autoridad de las palabras, consejos, interpelaciones y exhortaciones de Jesús.

• Quizás oras en el nombre de Jesús (Juan 14:13) y fuiste bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo como Jesús lo ordenó a sus discípulos (Mateo 28:19) ¿Cómo el nombre de un hombre puede tener tanto poder?

¿Por qué es indispensable clarificar este tema en nuestra nueva confesión de fe?

Entre nuestros contemporáneos, muchos ya tienen una muy buena opinión de Jesús y encuentran en él un hombre genial y profético (humanistas, musulmanes, hindúes, ateos). Ellos son mis hermanos en la humanidad y a veces mis amigos o mis familiares y son totalmente libres de no creer en mi Dios. Sin embargo, tengo la responsabilidad de informarles de la fe cristiana con amabilidad, dulzura y respeto, testificando que “Jesús es mi salvador y mi Dios”. Por respeto a ellos ¿cómo podría esconder esto que caracteriza fundamentalmente mi fe? ¿Tendría miedo de la diferencia al punto de disimular así la particularidad fundadora de la fe que me anima?

En fin, terminaré por el argumento más decisivo a mis ojos. La divinidad de Jesús, con sus consecuencias, constituye el apogeo de la Revelación de Dios ¿Cómo quedaré delante de él presentando una confesión de fe que desprecia el corazón de su identidad?

Por todas estas razones y muchas otras más, es imperativo que nuestra confesión de fe esté alineada con el testimonio de las Escrituras y la enseñanza constante y unánime de todas las grandes tradiciones cristianas.

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Julien Coffinet es Licenciado en Teología de la Universidad de Estrasburgo y Master en Teología de la Facultad de Teología Protestante de Montpellier. Actualmente sirve como pastor de la Iglesia Protestante Unida de Saint-Germain-en-Laye.
Publicado originalmente en francés en el sitio web https://lesattestants.fr/. Traducción al español por Gonzalo David y autorizada por el autor y el editor.

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