Estudios Evangélicos

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Los evangélicos también nos fuimos quedando en silencio

Una de las frases que se le atañen al Dr. Martin Luther King indicaba: “lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos”.

A días de cumplirse un mes de la celebración del último Te Deum evangélico, una serie de sucesos y situaciones se han estado desarrollando al interior de nuestro país, Chile, afectando su normal desenvolvimiento, y en las cuales hemos notado un palmario y cómodo silencio. En efecto y solo por indicar algunos, tenemos desde la crisis migratoria que afecta con mayor ahínco al sector norte de nuestro país; los datos que fueron revelados en la investigación periodística denominada pandora papers y que afectan al primer mandatario conllevando a que se presentara una segunda acusación constitucional durante el presente mandato, pasando por el aumento de la violencia en la macro zona de la Araucanía Sur, que provocó que dicho sector actualmente se encuentre bajo estado de excepción; hasta las movilizaciones sociales y posibles hechos delictuales en vísperas de una nueva conmemoración del estallido social del 18 de octubre. Solo en el tema de la reactivación de la discusión de la despenalización del aborto y en algunos aspectos que afectarían a la libertad de culto (como el tema de la bandera en la Convención Constituyente), ha habido pronunciamientos más o menos unánimes.

Pero estando ante un sinfín de temas y problemas que aquejan a nuestro país y que podríamos gastar varias páginas en enunciar ¿En dónde está la opinión y visión de las autoridades eclesiásticas, de las autoridades políticas o de aquellos que están en posición de poder y autoridad? Incluso sin ir tan lejos, ¿dónde está en un tema de nuestro propio interés como el ataque a la libertad religiosa que significan los atentados contra los templos cristianos en la Araucanía?

Este cómodo silencio que permite evitar tener una posición que pudiera incomodar a la elite política o empresarial, ha generado por otro lado el ser afectos a visiones sin sentido. Así ocurre con la regulación sobre cómo se deben efectuar los cultos, donde las restricciones en cuanto a los aforos de los templos y el distanciamiento social que deben tener los fieles al momento de acudir a los mismos riñen no solo las garantías constitucionales como el derecho de reunión y el ejercicio libre de todos los cultos, sino que a su vez, controvierte claramente el mandato bíblico a que se encuentran afectos los creyentes y que está contemplado en el libro de Hechos de los Apóstoles, el cual sostiene que “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29, LBLA).

En efecto, esta indiferencia, esta pasividad, esta comodidad, este silencio cómplice que solo se interrumpe de forma ocasional cuando se nos priva de izar una bandera o cuando solo se trata de pronunciarse en contra del aborto, no solo va en contra de lo señalado en 1ª de Pedro 2, 15, (“Porque esa es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos”), sino que va a conllevar más temprano que tarde, tanto a que escuchemos y sigamos escuchando opiniones insensatas en todas las áreas de la vida y del saber, como a ser finalmente gobernados por ellas. Así, de tanto quedarnos en silencio, el guardarlo no será solo una opción sino que será una obligación.

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El autor es Abogado, Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Magíster en Derecho Constitucional con mención en Derecho Procesal Constitucional por la Universidad de Talca y Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Concepción, Chile.