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Manifiesto Humanista Cristiano

Este manifiesto fue publicado en Eternity Magazine, enero de 1982, p. 16-18. También fue publicado como apéndice en el libro de Thomas Howard y J.I. Packer: «Christianity: The True Humanism.» Ambos, Howard y Packer, estuvieron entre los muchos consultados que ayudaron a determinar su forma y contenido final.

Un Manifiesto humanista Cristiano

En nuestros días, la palabra “humanismo” ha sido reclamada por aquellos que explican la existencia humana sin referencia a Dios. No estamos dispuestos a ceder el término a aquellas perspectivas que son menos capaces de encontrar profundidad de significado en la vida de la humanidad.

Lamentamos que los cristianos raramente hayan ofrecido una alternativa clara al humanismo secular, y ahora buscamos presentar los puntos más destacados de lo que por siglos ha sido llamado humanismo “cristiano”. Con esto estamos comprometidos.

El punto de partida

El estudio apropiado de la humanidad no es solamente la humanidad, sino Dios y el humano juntos. El Dios triuno –Padre, Hijo y Espíritu Santo- es el creador del universo y de cada persona en él. Dios, que es el significado último del universo, es eternamente autoexistente, mientras que el orden creado no lo es.

Al reconocer así a Dios, la visión cristiana de la realidad es más abarcante que la humanista secular.

Quiénes somos

La naturaleza humana combina características físicas y espirituales, naturales y sobrenaturales. A los aspectos físico, sexual y social de la vida humana normal, en los que nos regocijamos, deben añadirse el entendimiento de que solo los seres humanos son creación hecha a la propia imagen de Dios.

Nosotros podemos, por tanto, crear, amar, aseverar, reflexionar sobre nuestro pasado y futuro, comunicarnos con palabras y distinguir el bien y el mal. Aún más, fundamentalmente nosotros podemos adorar al Único cuya imagen portamos. Esto da a los humanos una dignidad intrínseca sobre los meros animales. Los seres humanos nunca pueden ser entendidos solo como animales, aunque complejos, porque en el corazón son seres religiosos.

El valor de la vida

Dado que los seres humanos, hombre y mujer, portan la imagen de Dios, su vida, la cual es un don, clama por nuestro cuidado y protección en todo tiempo, desde la concepción hasta el punto último al cual pueda continuar. Por tanto, ni los abortos por conveniencia ni la eutanasia cuando la utilidad social de la persona ha pasado, pueden ser justificados.

Por qué existimos

El significado de la vida humana es moral y espiritual: moral, en la realización de la voluntad de Dios, que es tanto justa como amorosa; espiritual, en una comunión con Dios y otras personas. Ninguna vida humana, ya sea prospera, saludable o devota a los demás, es completa cuando este desarrollo moral y espiritual está ausente.

La tarea humana

Desde su creación, los humanos en cuanto hombre y mujer, han recibido mayordomía sobre la naturaleza, ordenada por Dios para desarrollar una cultura y nutrir la vida humana con el producto de la tierra.

El trabajo y el ocio, la ciencia y el arte, la familia y el Estado, pertenecen a la vida humana como Dios quiso que fuese. Sin embargo, el significado de la vida no se encuentra en estas actividades sino en el Dios que las permite.

Ciencia y arte

Dios creó y mantiene patrones y consistencia en el universo, haciendo así posibles la ciencia y la tecnología. El humanismo secular, careciendo de este último fundamento para la ciencia, debe sostener la consistencia del universo como algo misteriosamente “dado”.

La forma y los materiales de su creación también hacen posibles al arte y la belleza: la creatividad humana es, así, un eco de la de Dios.

Verdad y Error

Algo del carácter y voluntad de Dios puede ser conocido por todos, aun si es de manera tenue o confusa. Una consciencia sobre Dios y sobre los estándares morales es natural a la humanidad, y la necesidad de orar, aunque usualmente mal encausada, es indestructible.

El Dios creador ha revelado claramente su carácter y voluntad en la historia, culminando en Jesucristo. Esta revelación, en la cual Dios interpretó para nosotros la totalidad de la vida humana y cumplió en principio con todo el deber humano, está ahora permanentemente disponible en las Santas Escrituras, y nadie que carezca de conocimiento de ellas, sabe suficiente sobre una vida humana plena.

Aunque la conocemos solo en parte, la verdad revelada de Dios es absoluta, no relativa. Dado que la verdad puede ser conocida, el error puede ser identificado, por lo que queda así abierto un camino que pasa a través de la confusión religiosa y filosófica contemporánea.

El Mal

La vida humana está marchita por la alienación de Dios, introducida por la desobediencia humana luego de la creación de los humanos. El mal moral, aunque universal a lo largo de la historia, es por tanto anormal. Sus raíces residen en la rebelión humana contra el señorío de Dios y el imperio de su ley.

Nuestro mundo se ha vuelto uno torcido: egoísmo, violencia, injusticia, orgullo, autodestrucción, y la inhumanidad impregna la vida humana.

Este mal puede surgir en individuos o instituciones. Se manifiesta en gobiernos, negocios y familias. La voluntad humana, más que solo las condiciones sociales, es sin embargo el factor decisivo en el mal. Ninguna explicación de la brutalidad humana que omita la elección del pecado es adecuada.

Providencia

Frente a este mal generalizado, Dios mantiene un gobierno sobre los asuntos humanos que pone límites al mal, prospera la vida humana y preserva su propósito en la historia. El fin de la historia, tal como su comienzo, está bajo el control soberano de Dios.

Restauración humana: reconciliados con Dios

Para terminar nuestra alienación de Dios y restaurar la vida humana a su diseño y propósito original, nuestro Creador ha actuado en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, un judío del primer siglo que fue, verdaderamente, la segunda persona de la trinidad, Dios encarnado.

La aparición de Cristo, por tanto, es el evento más importante en toda la historia humana. Por su muerte sacrificial, pagó la deuda moral de aquellos pecadores que se entregan a su reconciliación transformadora.

El servicio amoroso de Dios y hombre que Jesús enseñó y practicó perfectamente, es el modelo de la verdadera humanidad.

El reino de Dios ya comenzó

Del ministerio de Cristo, brotó una comunidad internacional y multirracial de pecadores perdonados. Ellos reconocen un llamado común a proclamar a Jesús como Rey y traer a toda la vida humana bajo su influencia. Esta comunidad, la Iglesia, a pesar de sus errores, inconsistencias e hipocresías, ha sido pionera en un humanitarismo multifacético.

El movimiento cristiano ha sido la matriz cultural del mundo occidental moderno. El fruto cristiano, no obstante, no puede prosperar en una sociedad sin convicciones cristianas.

Crisis mundial

Los problemas sociales y políticos contemporáneos son abrumadores: tensiones internacionales, crimen, quiebre familiar, abuso de los indefensos (incluyendo los no nacidos y los envejecidos), escasez de recursos, amenaza nuclear, y más.

El humanismo cristiano ofrece no un programa para resolver estos problemas, sino un marco para su solución: la verdad ligada al poder espiritual.

Pesimismo, optimismo, realismo

La vida humana no es perfectible y el progreso no es inevitable, pero la desesperación ante la expectativa humana no está más justificada que el optimismo ingenuo. La esperanza para la humanidad reside en saber que Jesucristo, Señor de todas las cosas, hará todas las cosas nuevas en su Segunda Venida. Por ello, el humanista cristiano evita tanto el pesimismo como el superoptimismo del humanismo secular.

El cristiano individual, frente a la muerte, también puede saber que la amistad consciente con Dios y con otras personas es para siempre. La muerte puede destruir el cuerpo, pero no destruye la persona o el significado.

Conclusión

En contraste con el humanismo secular, por consiguiente, el humanismo cristiano no duda en hablar de verdad absoluta, bondad, belleza, amor, moralidad, la santidad de la vida, deber, fidelidad, esperanza e inmortalidad. Estos no son sentimientos religiosos vacíos, sino el lenguaje natural de aquellos que saben, aun parcialmente, de su creación y redención por un Dios amoroso.

«Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.» (Eclesiastés 3:11)

Firmada por: Donald Bloesch, George Brushaber, Richard Bube, Arthur Holmes, Bruce Lockerbie, J. I. Packer, Bernard Ramm y James Sire.

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Traducción equipo Estudios Evangélicos

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