Estudios Evangélicos

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Nuestro acceso racional a Dios (Daniel von Wachter responde a Richard Wagner)

Durante meses recientes hubo en la prensa chilena un extenso debate sobre creación y evolución. Con ocasión de éste el pastor luterano Richard Wagner escribió el texto que aquí reproducimos en primer lugar; en segundo lugar publicamos el texto en que el profesor de filosofía Daniel von Wachter responde al pastor Wagner. El texto de von Wachter responde a una algo más extensa versión alemana del texto de Wagner que reproducimos.

¿Origen de la vida? (por Richard Wagner)

La polémica sobre el origen de la vida, que parece ser una discusión entre representantes “creacionistas” y “evolucionistas”, incluso nos deparó una reflexión sobre “primera causa”, etc.

¿No sería prudente preguntarnos previamente si nuestra mente realmente puede dilucidar tales problemas metafísicos? Por ejemplo: se parte de la idea de “causalidad”, según la cual TODO evento debe tener una causa previa. Luego se postula una primera causa, que NO requiere de esta condición esencial de la definición misma. Obviamente esto es una contradicción. Si al contrario se postula cadenas causales sin comienzo, se llega a otros absurdos: cada componente de la misma ya habría acontecido en el infinito, es decir no llegaríamos al tiempo presente, al acontecer mismo. ¿Por qué? Porque nuestra mente cometió un error garrafal: se olvidó de que la causalidad –sea lo que fuese en sí, si es que existe– es antes que nada una manera nuestra de relacionar, unir u ordenar los datos empíricos, una categoría del entendimiento (Kant). Si sobrepasamos el campo empírico, terminamos sencillamente en disparates, sinsentidos y contradicciones (antinomias y paralogismos).

No recomiendo asumir el sistema gnoseológico de Kant, pero tampoco se puede ignorar un problema descubierto, una cuestión planteada. ¿Acaso sabemos realmente lo que es una “causa” y un “efecto” o sólo tenemos nociones heredadas sobre ello, meros pre-juicios, de los cuales han surgido hipótesis infundadas y problemas ficticios, p. ej.: el determinismo? ¿Acaso un factor determinado (efecto), tiene una sola “causa”, una sola “cadena causal”? ¿No son múltiples, haces innumerables? ¿A qué nos referimos realmente cuando hablamos de causalidad? ¿Si en algo tan elemental estamos tanteando en la oscuridad, percatándonos de la falta de claridad y transparencia conceptual o terminológica, entonces pretenderemos dilucidar las “causas últimas” del origen de la vida, de la conciencia o del universo? La prudencia, que tanto se recomienda como virtud, indicaría más bien otro camino: que los científicos prosigan pacientemente su trabajo empírico según sus propios criterios (p. ej.: los señalados por Karl Raimund Popper), dejando las conclusiones filosóficas y meta-físicas (por ende, meta-científicas) al ámbito privado de cada persona. Los teólogos a su vez deberían recordar sus penosas y embarazosas equivocaciones (Galileo Galilei, Charles Darwin, Sigmund Freud, etc., etc.)  y las apabullantes palizas que tarde o temprano cosecharon. Ambos pueden leer en la “Palabra de Dios”: el científico en la de la naturaleza (Galilei) y el teólogo en la Biblia. Pero el bizquear distorsiona la visión.

Richard Wagner es pastor emérito en la Iglesia Luterana en Chile

 

La antiracionalidad de Kant y la manipulación del concepto de Dios 

(por Daniel von Wachter)

El señor Wagner presenta en este artículo una doctrina de Immanuel Kant, con el planteamiento de que no es posible obtener un conocimiento de Dios a través del universo. Este documento presenta y critica esta doctrina. A alguien que no sea un teólogo ni un filósofo esta doctrina puede parecerle irrelevante o loca. Puede ser loca, pero es importante, porque su influencia es grande.

La Ilustración

El señor Wagner presenta su posición como “ilustrada”, posición que lamentable y extrañamente “aún” no ha sido adoptada por toda la humanidad, a causa de su desconocimiento o falta de entendimiento. Ésta es la retórica de aquel movimiento que en los siglos 18 y 19 humildemente se autodenominaba “la Ilustración”, tildando a sus adversarios con epítetos de supersticiosos, irracionales y dogmáticos. Es normal creer que se tiene la razón y que los otros se equivocan, eso es parte de toda convicción. Pero la mera aseveración de haber arrendado la razón no convence a persona alguna dotada de entendimiento. Lo que importa son los argumentos y los fundamentos, los que en aquellos autores de los siglos 18 y 19 son tan tenues como altisonantes las aseveraciones de su propia ilustración. La retórica de “hoy en día ya no se puede creer en la tesis x” o “nos hemos sobrepuesto a tal elemento medieval” busca impresionar e influir para que muera la fe en un Dios Creador, en milagros, en la existencia del alma, en la libertad de la voluntad y en una moral objetiva, pero sin darse el trabajo de fundamentar su posición. Pero esta fe no morirá, como tampoco morirá el materialismo que a ella se opone. Es tarea de cada persona la búsqueda de la verdad.

Immanuel Kant

El señor Wagner cree en las enseñanzas de Kant y opina que éstas deberían convencer a toda persona inteligente. Por el contrario, cada cual debe formar su propio juicio. De ninguna manera es como afirman algunos teólogos, que “desde Kant” esto o aquello ya no se puede creer. En filosofía sucede raras veces o nunca que una posición se vuelva insostenible y muera. También en filosofía obran fuertes motivaciones irracionales.

Permítaseme exponer de modo relajado mi apreciación de Kant, apreciación con la que no estoy solo, y aunque lo estuviese no tendría por qué ser errada. Kant sufría bajo una necesidad neurótica de certeza. No aceptó metafísica alguna que sopese fundamentos y probabilidades. Escribía: “No tolero los juegos de probabilidades ni de suposiciones”. En la metafísica debería tratarse de nada menos que de “certeza apodíctica”. La existencia de objetos independientes de los hombres le parecía insoportable. Por tal razón hizo su pubescente “revolución copernicana”, diciendo que nuestro pensamiento no es determinado por los objetos, sino que éstos son determinados por nuestro pensamiento. Nosotros creamos los objetos. Éste es un ejemplo típico de irracionalidad, pues el hombre racional, aunque no considera que sus percepciones sean infalibles, tampoco las descarta completamente – a menos que crea que los objetos dependan de él. Como consecuencia de su irracionalidad introdujo Kant en la filosofía alemana un estilo oscuro que, por cierto, impresiona a algunos, pero baja el nivel científico.

“¿Es posible obtener un conocimiento de Dios por el universo?”

El señor Wagner considera enternecedoras y pueriles las consideraciones sobre Dios como causa del universo. En pocas líneas – apoyadas en aseveraciones tomadas de la obra de Kant – pretende demostrar que pensamientos igualmente concluyentes sobre la causa última llevan a resultados contradictorios. Es decir, que tales pensamientos no permiten obtener un conocimiento sobre Dios.

Como lo ha manifestado una infinitud de filósofos, los mencionados pensamientos de Kant no son de manera alguna concluyentes. Es difícil hallar un filósofo que diga que todo tiene causa. La pregunta es: “¿Acaso el universo tiene una causa, es decir, Dios?” O hay un universo (en toda su extensión en el tiempo) sin causa, o hay un Dios sin causa. La discusión sobre estos temas es hoy más completa y profunda que lo que jamás haya sido. Hay muchas posiciones. Pero si la posición propia tiene una contradicción, no queda más que modificarla un poco. No hay contradicciones inevitables.

El señor Wagner presenta la tesis de Kant de que en el mundo la causalidad no es nada más que una forma de ordenar nuestras experiencias. El que quiere creer esto que lo crea, pero que se pregunte qué es más razonable: creer que es un hecho independiente de nuestro pensamiento que la caída de un puente de la autopista Américo Vespucio fue causada por un terremoto, o que este hecho causal sólo sea algo que está en nuestras cabezas. Para evaluar las enseñanzas de Kant debe preguntarse en forma directa y sencilla: “¿Es razonable creer eso?”

El Creador

Siguiendo a autores como Schleiermacher y Bultmann, el señor Wagner quiere transformar el significado de la afirmación “Dios es el Creador del universo” en una afirmación sobre valor, sentido o sentimiento. Pareciera que quiere hacer creer que esta afirmación nada dice en cuanto a la causa del universo, que ninguna observación la constata. Con esto se contrapone a toda la idea de que los seres vivientes, nuestro cuerpo u otros aspectos del universo apunten a Dios. Decir que la afirmación “Dios es el Creador del universo” es meramente una afirmación sobre sentido y sentimiento es tan absurdo y confuso como decir que la afirmación “El semáforo está rojo” significa en realidad “No quiero seguir manejando”. Obviamente eso es falso, se opone a las reglas normales del lenguaje. Según las reglas normales del lenguaje “Dios es el Creador del universo” significa lo que la personal normal (el no teólogo) entiende: que Dios creó el universo y lo mantiene. Desde hace dos siglos los teólogos hacen contorsiones intelectuales con la intención de cambiar el sentido de las palabras, porque no quieren decir en forma clara y directa lo que en realidad piensan, p. ej., que no es verdad que Dios es el Creador del universo.

La pregunta de fondo es si Dios existe. Y si existe, entonces es el Creador del universo y lo mantiene. Los filósofos cristianos siempre han explicado, con exactitud y de acuerdo al nivel científico de su época, que muchas cosas del universo, sea el cuerpo humano o un posible big bang, hablan a favor de la existencia de Dios. Esto significa que con la aceptación de la existencia de Dios estas cosas quedan explicadas y que es menos probable y plausible que hubiesen aparecido por sí solas.

La tesis del señor Wagner, que no tendríamos “una metafísica filosófica convincente de modo general” y que Kant habría “despedazado” la metafísica pasada, deja entrever la necesidad neurótica de seguridad de Kant. Obviamente no tenemos un modelo metafísico aceptado por todos, p. ej., por mí y el señor Wagner, pero hoy tenemos investigaciones filosóficas a fondo de los indicios que hablan a favor y en contra de la existencia de Dios. El que quiera comprobar esto, entre “Metaphysics” en la página http://philpapers.org. Para Kant y el señor Wagner esto es “muy poco convincente de un modo general” y por eso califican esta disputa como algo sin sentido. Si la metafísica nos mostrara de una forma convincente y general la existencia de Dios, evidentemente no habría discusiones en la prensa ni en la filosofía. Toda irracionalidad estaría vencida. Ni el señor Wagner ni yo necesitaríamos escribir artículos. Los hombres nunca más tendrían que preguntar por Dios y el sentido de su vida. Pero éstas no parecen haber sido las intenciones de Dios, pues no tendríamos libertad para aceptar o rechazarlo a Él y a su Evangelio, amarle o no. Por último, la existencia de Dios y la verdad de su Evangelio están suficientemente defendidas por el tipo de pensamientos que el señor Wagner considera “sin futuro” (para una profundización recomiendo el libro ¿Hay un Dios? del teólogo y filósofo oxoniense Richard Swinburne), de modo que somos llamados a pedir que la muerte de Cristo obre por nuestro perdón y a entregar nuestras vidas a Dios. Pero Dios y su Evangelio no son tan evidentes como para que no podamos ejercer nuestra libertad de rechazarlos.

Prof. Dr. Dr. Daniel von Wachter es Profesor en la Academia Internacional de Filosofía (más textos suyos en http://von-wachter.de)

 

 

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