Estudios Evangélicos

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¡Por favor, pastores, acaben con esto! Reflexiones acerca del último proceso electoral

En Chile, las iglesias evangélicas han sufrido una de las derrotas más grandes en época de elecciones, pues los pastores que las representan han perdido gran parte de su credibilidad ante la sociedad chilena y, lo que es peor, han puesto en entredicho su compromiso con el Señor, negociando el Evangelio y poniendo la mirada en el hombre.
Es lógico que una afirmación de este tipo no sea del agrado de algunos lectores, pero las cosas son como son: el comportamiento de muchos pastores e iglesias ha sido, simplemente, vergonzoso. Ni hablar de los creyentes discutiendo a través de las redes sociales. La cantidad de desaciertos fue impresentable, bajo la consigna de defender nuestros valores, y sólo expone la ignorancia bíblica, teológica y política en que nos encontramos.

Si lo analizamos desde la ignorancia bíblica, se relaciona con poner la mirada en el hombre (Jer. 17:5). La Biblia nos enseña que los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad (Mr. 10:42-45). Por consiguente, a la luz de la Palabra de Dios, no podemos esperar que las autoridades tengan un comportamiento acorde a los parámetros de la moral cristiana; de hecho, ninguno de los políticos electos sea de izquierda, centro, derecha o incluso cristiano, traerá algún tipo de justicia absoluta porque no hay un solo justo, ni siquiera uno (Rom. 3:10). Al contrario, la frase de Jesús -el autor de la justicia- deja entrever que lo que debemos esperar cuando una persona asume algún tipo de jefatura es el abuso.

¿Quiere decir esto que debemos ser indiferentes al abuso, la corrupción y la injusticia? De ninguna manera, antes bien, debemos ser los primeros en confrontar dicha clase de vicios, básicamente, porque la justicia y autoridad tienen su origen en el Dios que adoramos y ante quien todo ser humano deberá rendir cuentas (Rom. 13). De ser así, uno de los desafíos es, por ejemplo, saber hasta dónde los pastores deben entrometerse en la cuestión política.
Estoy, intencionalmente, fijando la mirada en los pastores por varias razones: primero, porque son ellos los que han minado la credibilidad de las iglesias evangélicas; segundo, han usado su influencia de una manera irresponsable confundiendo a mucha gente; tercero, es inconcebible que a estas alturas sean incapaces de discriminar bíblicamente cuál es el límite de su participación política.

De esta manera, una exégesis a Juan 21:15-19 bastaría para darse cuenta de que pastorear no tiene nada que ver con ser negociador, vocero u operador político de ningún candidato. El pastor representa a Cristo, el Evangelio y Su Iglesia o ¿alguien tiene una objeción fundamentada que contradiga aquello? En respuesta, algunos podrían sugerir como ejemplos a Abraham Kuyper, Martin Luther King, Dietrich Bonhoeffer, los pastores electos que legislan en los congresos de Brasil, Colombia y otros países de América Latina. Pero no estamos buscando buenos ejemplos, ni las motivaciones que les llevaron a intervenir en ámbitos que iban más allá de sus tareas eclesiásticas, tampoco nos interesan los éxitos materiales o simbólicos que hayan conseguido; pues no hay duda que todos ellos tenían -o tienen- razones nobles. Lo que nos convoca es saber hasta dónde la intervención pastoral en política es aceptable.
Por otro lado, la ignorancia teológica es otro de los puntos débiles y se hace evidente cuando se predica sobre la soberanía de Dios y se desconoce la extensión de ella. Es curioso que esto sea así, porque siendo una de las doctrinas unificadoras de la iglesia evangélica, a diferencia de otras como la providencia o la predestinación enseñada por las iglesias históricas y puntualmente reformadas, debería darnos un sentido de tranquilidad acerca del provenir.

En esencia, si todo pastor y creyente es capaz de reconocer que su fe descansa en el Dios creador y por derecho propio, soberano sobre todo lo que existe ¿no deberíamos vivir confiados y al margen de cualquier disputa pequeña que pueda darse en la esfera política? Nos debería servir también para aceptar que todo trabajo que desarrollamos contribuye a los propósitos de Dios sin menospreciar lo que pueda hacer un político o un pastor. Porque de aceptar verdaderamente lo que el autor del libro de Crónicas escribe, no tendríamos otra alternativa que asentir: “Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo” (1°Cro. 29:11).

En consecuencia, la pregunta ya no sería si creemos en un Dios soberano o no, pues queda claro que adoramos al que está por encima de todo. Más bien deberíamos preguntarnos a qué Dios estamos adorando: un Dios algo soberano, medio soberano o completamente soberano. Porque si “tiene algo” o es “medio” no es completamente Dios, ni tampoco soberano.
Al hablar de ignorancia política, es posible que algunos se justifiquen afirmando que además de pastores son ciudadanos y, por lo tanto, tienen todo el derecho de participar activamente. Y quiero dejar en claro que nadie les está negando el derecho, sino que el asunto es cómo, cuándo y dónde.

¿Qué hace un aspirante a un cargo político parado en un púlpito discurseando en el Tedeum evangélico? Se supone que el púlpito y la ceremonia son para proclamar a Cristo y su palabra redentora, no para usarlo con fines político-partidistas, solicitar demandas sociales o morales. Más bien, para ese tipo de alocuciones existen otros espacios.
Luego, y en respuesta a lo anterior, ¿será ético que un pastor, congraciándose con el oficialismo, califique al actual presidente como uno de los mejores de la historia y termine su performance descaradamente en un comando? Si eso no es patético, de qué estamos hablando.

Y si de redes sociales se trata, ¿qué hay de aquellos pastores que usaron sus muros de Facebook para hacer campaña por el candidato de su preferencia? Algunos fueron más lejos, ya que además de colgar la foto del “ungido”, explicitaron su voto a toda la congregación. Quisiera saber ahora cómo lo harán para edificar a los hermanos contrarios a su opción política, sobre todo a los más nuevos. El asunto es serio y grave, pues ninguno que ha sido llamado al ministerio pastoral tiene espacio para desviar la mirada de la iglesia hacia un partido, coalición u otro “Mesías” en reemplazo del verdadero Salvador.

La verdad es que este asunto no da para más, porque se viene arrastrando hace años y cada vez es peor. Quizá, por eso el tono de mi artículo es tan pronunciado. Es probable que muchos de ustedes recuerden al pastor que hace algunos años atrás se estaba candidateando a la presidencia por “revelación de Dios”. Imagínense que este año un pastor comprometió su apoyo haciendo campaña por Youtube y hasta apareció en una de las franjas electorales, todo a vista y paciencia de nuestros compatriotas. A otros, en época de elecciones se les ha ocurrido inaugurar iglesias, lanzar libros, hacer entrevistas radiales -sin la contraparte-, ¡hasta cierre de campaña dentro de la iglesia tuvimos! ¡Por favor, pastores, acaben con esto!

Para su información, todos los actos en política son simbólicos y vinculantes, nadie los va a tener por inocentes. Entonces, si no conoce el idioma de la política no intervenga. Si lo conoce y participa intencionalmente desacreditando el poder del Evangelio, arrepiéntase. Si cree que su vocación cambió, renuncie al pastorado y trabaje por el bien común desde ahí, porque hacer de pastor y político no da.

Como últimas ideas, puedo decirles a los pastores que bíblicamente no hay asidero para seguir mezclando su rol pastoral con el de un político cualquiera; de todas maneras, todavía es posible su participación aconsejando a la iglesia, exhortando a las autoridades y desafiando el pensamiento de la sociedad con la Palabra de Dios. Sea sabio, no apoye públicamente a un candidato, mantenga la independencia absteniéndose de revelar su voto, ya que es dañino para usted y para todos los creyentes que están a su alrededor. Teológicamente, debemos entender que nuestro compromiso es con el Señor del universo, al que nada lo toma por sorpresa; entonces, no caiga en la tentación de creer que usted, algunos colegas y diputados cristianos van a corregir el rumbo del país. Muy por el contrario, confíe en quien tiene el corazón del rey en la mano y lo inclina hacia donde quiere (paráfrasis de Prov. 21.11). Políticamente, recuerde que nuestra fe no está puesta en el hombre, en las ideologías, en los partidos políticos o en el voto; a propósito de lo último, la salvación no está condicionada al sufragio. Confiemos que Dios trabaja en el corazón de cada creyente y les da sabiduría para tomar sus propias decisiones.

Pastor, por último, no olvide que lo más importante en su posición no es ser identificado como un pastor de izquierda o derecha, sino como un ministro del Evangelio que ama la iglesia de Cristo, a su prójimo y a sus autoridades. No hay nada más poderoso que el Evangelio y esa es su propuesta. No se encandile con las cortinas del Palacio de Gobierno o las puertas del Congreso. Sólo Jesús puede cambiar el corazón, transformar la familia y proveer verdadera justicia y satisfacción.

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