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¿Por qué estalló el país? Octubre en Chile, de Hugo Herrera

El 18 de octubre de 2019 en Chile se ha constituido una fecha histórica. En el futuro, recordaremos ese día como la fecha en que se inició el estallido social más importante desde el regreso a la democracia, expresión de un malestar contenido por décadas. A poco más de dos meses de ese acontecimiento, los actores políticos se encuentran discutiendo los pormenores de un plebiscito en el cual la ciudadanía habrá de decidir si desea una nueva constitución, como fruto de un acuerdo político casi totalmente transversal que se alcanzó la madrugada del 15 de noviembre. De este modo, se buscó dar cauce político a lo que hasta entonces fue un movimiento social acéfalo difícil de asir.

La nota contextual previa es importante para comprender el libro de Herrera. En efecto, “Octubre en Chile” se publica en noviembre del 2019, pero su nota de agradecimiento está datada en el 2 de noviembre. Por lo tanto, resulta difícil presumir que la obra haya sido escrita teniendo en cuenta el acuerdo por una nueva constitución. Tal vez eso explique el libro remita a la discusión constitucional solo de manera tangencial, esbozando de todos modos una alternativa distinta de los ya instalados “si” y “no”. En efecto, Herrera sugiere una rehabilitación simbólica y contextualizada de la Constitución de 1925 (96), especialmente por la legitimidad que le confiere el haber sido concebida en democracia.

La obra de Herrera se divide en diez capítulos de lectura amigable, distribuidos en no más de 100 páginas, en los que el 18 de octubre es explicado en función de una serie de elementos que, en mayor o menor medida, encontramos en la siguiente aseveración: “nuestra crisis coincide, en parte fundamental, con la pérdida de aptitudes comprensivas de las élites, acompañada del predominio de discursos políticos eminentemente abstractos” (40). De acuerdo a Herrera, lo que ocurre en Chile es producto de una falta de comprensión de la clase política respecto a las características constitutivas de la sociedad chilena. Para superar esta falta de comprensión, se hace indispensable una “hermenéutica política”, es decir, contar con herramientas para interpretar adecuadamente la realidad del pueblo chileno.

Junto con lo anterior, ha predominado un discurso economicista en la derecha, así como un discurso moralista en la izquierda. Ambos, en el entender de Herrera, son discursos abstractos, desprovistos de una comprensión acabada de ese pueblo que “aterroriza y redime” (24). El pueblo no halla ni en el discurso de la prosperidad económica -propio de la ortodoxia de la derecha- ni en el de la moral de la deliberación -propio de autores como Fernando Atria- sentido y expresión de sus anhelos.

Estas apreciaciones, no libres de cierta generalidad, ayudan sin embargo a imaginar el espectro ideológico con el cual Herrera discute. Ya en el capítulo décimo, se presenta claramente una propuesta política que está lejos de constituirse simplemente como una apuesta intelectual: el republicanismo popular. De aquí que esta obra no sea de aquellas en las que cabe prestar atención más que nada al capítulo conclusivo, como algunos traviesos lectores podrían pensar.

El republicanismo popular es la conjunción -que no síntesis (109)- de dos principios en tensión: el republicano, que consiste en evitar la concentración de poder mediante la dispersión o división del mismo; y el popular-telúrico (o nacional, como se ha presentado en otros textos del autor), que consiste en la gestación de un sentido de integración comunitario y concreto de la pluralidad que compone a un pueblo mediante lazos afectivos y espirituales colectivos. De tal modo, el republicanismo popular se constituye una suerte de filosofía política orientada a la superación de una perspectiva de élites en cuanto que presta su atención a los anhelos populares y, a su vez, por esta misma orientación, dirigida a la superación de los discursos abstractos dominantes. El pueblo es, entonces, el eje de lo político en cuanto que él y sus vicisitudes en el territorio (lo telúrico, su existencia concreta en el territorio) son el objeto de la hermenéutica política que halla luego cauce en las formulaciones institucional republicana y discursiva.

Sin grandilocuencias, con densidad teórica y con un sentido eminentemente práctico, esta obra se inscribe tanto en la producción previa de Herrera como en el debate contingente sobre el 18 de octubre. Así, no debiese considerarse conclusiva ni totalizante, pero tampoco simplemente exploratoria. Más bien cabría considerarla como un producto coyuntural en que se aúnan años de reflexiones políticas del autor y el acontecimiento del estallido. En tal sentido, como el mismo autor diría, cabe asumirla como un esfuerzo hermenéutico por comprender aquello que llevó al 18 de octubre, así como aquello que eventualmente resultaría necesario no solo para superar la crisis contingente sino para llevar a cabo una praxis política capaz de fortalecer el sentido de comunidad que requiere una nación.

Un lector cristiano encontrará una serie de elementos que invitan a una discusión de importancia, como por ejemplo la concepción del pueblo «como un dios» (24). Pero, tal vez luego de una lectura atenta, sea más llamativo reflexionar sobre el lugar de las comunidades de fe en el marco de una teoría republicana popular, aun cuando el autor no haga mención de ello.

La obra ha sido publicada en Chile por la naciente Editorial Katankura, de carácter independiente, y puede encontrarse en las librerías del centro Drugstore (Providencia) Takk y Nueva Altamira, así como en las librerías Metales Pesados (Bellas Artes), Qué Leo (Forestal) y Prólogo (Merced).

Otros libros del autor son “La derecha en la Crisis del Bicentenario” (Ediciones Universidad Diego Portales, 2014) y “¿De qué hablamos cuando hablamos de Estado?” (Instituto de Estudios de la Sociedad, 2009). Además, sus columnas en diversos medios pueden encontrarse en su sitio web http://www.hugoherrera.cl/.

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