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Protestantismo y ley natural. Entrevista con David VanDrunen

La cuestión de cómo los cristianos debamos usar las verdades de la ley natural cuando participamos de debates políticos y legales con no cristianos, para comunicarnos más efectivamente en nuestro trabajo por el bien público -yo creo que ésa es una pregunta de segundo orden.

David VanDrunen -abogado, doctor en teología y pastor- ocupa la cátedra de teología sistemática y ética cristiana en el Seminario Teológico Westminster de California. Desde su amplia formación en el campo jurídico, teológico y en la historia de las ideas ha escrito varios libros que abordan temas de ética cristiana y de participación cristiana en la vida pública. Entre ellos podemos nombrar La Bioética y la Vida Cristiana (Bioethics and the Christian Life, 2009) y La Biblia y la Ley Natural (A Biblical Case for Natural Law, 2006). Su obra más reciente, La Ley Natural y los Dos Reinos (Natural Law and the Two Kingdoms, 2010) es un estudio sobre la doctrina social reformada centrado en la idea de ley natural y en la concepción de dos “reinos” por los que Dios rige el mundo. A propósito de esta obra hemos conversado con él sobre el papel que ha desempeñado la idea de ley natural en el pasado protestante y el papel que podría desempeñar hoy.

 

 

1. Durante los últimos años usted ha publicado sobre la historia de los sistemas morales basados en la idea de ley natural, y también ha publicado una obra sobre la Biblia y la ley natural. Quisiera comenzar mencionando el tal vez más frecuente prejuicio con el que se puede haber topado: ¿no es “tomista” la idea de ley natural?

 

Tienes razón en que eso es un prejuicio común, y la respuesta breve sería que no es necesariamente una idea tomista. Tomás de Aquino tal vez sea el autor más rápidamente identificable que proponga la idea de ley natural, y su explicación de la misma ha sido muy influyente. Pero incluso en la Edad Media había varias escuelas divergentes al respecto, por ejemplo entre los discípulos de Escoto y Ockham. La ley natural fue ampliamente afirmada por los teólogos protestantes más tempranos, y aunque dijeron muchas cosas similares a Tomás de Aquino, también desarrollaron teologías de la ley natural que en muchos sentidos eran distintivas de ellos. Luego vinieron teorías sobre la ley natural de inspiración ilustrada, alejadas tanto de la Reforma como de la era medieval. De modo que la idea de ningún modo es exclusivamente tomista.

 

 

2. ¿Podría darnos una buena (y breve) descripción de la ética de ley natural?

 

Una ética iusnaturalista, en breve, es el estudio de las obligaciones humanas que sean conocibles a partir de la estructura misma y la naturaleza del mundo, y en particular a partir de la naturaleza humana. Se refiere a las obligaciones morales que sean vinculantes para un ser humano en cuanto humano, aunque nunca haya escuchado hablar del evangelio ni profesado credo alguno en particular. Como teólogo reformado también añadiría de inmediato que esta “naturaleza” a partir de la cual conocemos las obligaciones morales no es un campo autónomo, sino la creación del único Dios verdadero. Lo que en la naturaleza conocemos como bueno y malo es la revelación moral del mismo Dios. La ley natural no nos muestra nuestra obligación para con la naturaleza, sino que nos muestra obligaciones básicas de los hombres respecto de Dios, tal como se revelan en la naturaleza.

 

 

3. ¿Cuáles fueron los pasos principales en el abandono de éticas de ley natural por parte del protestantismo? ¿Hasta qué punto cree usted que estamos en medio de una recuperación de esta tradición?

 

No hay una explicación breve ni fácil de cómo la ley natural cayó en desgracia para gran parte del protestantismo en el siglo pasado. En parte se hizo de un mal nombre por andar en boca de pensadores de inspiración ilustrada que buscaban presentar una moralidad sin Dios y divorciada de toda convicción religiosa (lo que no es el caso en la anterior reflexión iusnaturalista cristiana). En parte también se armó de un mal nombre porque en las generaciones pasadas los defensores más acérrimos de la ley natural fueron pensadores católico-romanos. Éstos muchas veces la defendieron de un modo teológicamente deficiente, y además pasó así a ser identificada por muchos con el pensamiento católico romano: muchos han pensado que al oponernos a una visión católico-romana de las Escrituras, debemos también oponernos también a su visión de la ley natural. Un teólogo muy influyente del siglo pasado, Karl Barth, también desempeñó un papel muy decisivo. Se opuso a la ley natural de un modo tan vigoroso, que ganó adeptos también entre gente que en otras materias no era “barthiana”. Para terminar mencionaría el hecho de que en el último siglo decayó entre muchos protestantes el interés y la comprensión histórica. Un gran número de protestantes, incluyendo a muchos de mi propia tradición reformada, son simplemente inconscientes del hecho de que la ley natural fue algo tan común en el pensamiento protestante más temprano. Ahora bien, ¿estamos en medio de una recuperación de dicha tradición? Sí, ciertamente creo que hay evidencia de un renovado interés por la ley natural entre los protestantes, incluyendo gente de tradición reformada, luterana, y también de un trasfondo evangélico más amplio. Pero todavía hay mucho trabajo por hacer en términos de comprensión de esta tradición y para mostrar cuán útil es y en qué puntos puede requerir ser revisada. Y todavía hay mucha oposición, o al menos sospecha, respecto de todo el proyecto de recuperación de la tradición protestante de ley natural.

 

 

4. Como menciona que la idea de ley natural habría sido usada de modo deficiente por parte de pensadores católico-romanos, ¿nos podría explicar exactamente de qué deficiencias se trata? ¿Es una acusación que haría de modo generalizado contra el modo en que la idea de ley natural opera en el catolicismo romano, o sólo la dirigiría a algunas corrientes?

 

Seguramente dije eso de un modo demasiado generalizado sobre el catolicismo romano. Naturalmente hay muchas variaciones entre los pensadores católico-romanos. Pero la mayoría sigue siendo de un modo u otro tomista, y creo que la teoría de la ley natural en Tomás de Aquino adolece de los siguientes problemas: no tratar de modo suficiente con la distinción entre Creador y criatura (como puede verse en la idea de que la ley natural sería una participación de la razón humana de la ley eterna de la mente divina), no hacerse cargo de modo suficiente de los efectos del pecado sobre la razón humana, y tratar la idea de ley natural dentro de un marco de “la gracia perfecciona la naturaleza” que, por decirlo así, es muy católico. Creo que la Reforma fue un correctivo en todos estos puntos. Por mucho tiempo la concepción católico-romana de la ley natural fue más bien racionalista y muy dependiente de supuestos insostenibles en su biología teleológica, pero ahora se ha corregido en esos puntos. Ciertamente valoro de un modo positivo el modo en que muchos teóricos recientes de la ley natural en el catolicismo romano han enfatizado la necesidad de abandonar las nociones ilustradas de autonomía de la razón, y también los llamados a vincular la ley natural con la historia bíblica y la ética bíblica (como puede verse en libros recientes de Hittinger, Porter y Levering). Al mismo tiempo, debo decir que la mayoría de los teóricos católico-romanos de la ley natural no han hecho mucho por poner esto en un contexto bíblico, y los que lo han hecho, como Levering, lo hacen de modos que reflejan convicciones teológicas católico-romanas. Ahora bien, ciertamente no puedo criticar a los católicos por leer la Biblia de un modo católico, pero creo que la teología reformada del pacto constituye un marco hermenéutico mucho más adecuado para leer las Escrituras y por tanto también para dar con el sentido teológico de la ley natural. Espero que mi trabajo futuro en esta materia no sólo sea atractivo para protestantes que tienen aprecio por los pactos que conocemos por la Biblia, sino que también pueda entrar en diálogo con pensadores católico-romanos que se interesan por la relación entre la teoría de la ley natural y la Biblia.

 

 

5. Durante las últimas décadas filósofos y teólogos no sólo han redescubierto gran parte de la tradición de ley natural, sino también la ética de la virtud. Así, muchos empiezan a sentir menor inclinación a hablar de “valores” o de las consecuencias como puntos centrales en la evaluación moral, y mayor inclinación a preguntar si algo es natural, o si acaso algo constituye un rasgo de carácter deseable. ¿Cree usted que este cambio en nuestro lenguaje moral tiene algún efecto sobre discusiones morales prácticas?

 

Sí, lo creo. La virtud no debiera nunca ser el único modo de hablar sobre ética, pero cualquier sistema moral que ignore la pregunta por las virtudes va a ser muy deficiente. Por lo demás, centrarse en las consecuencias o el valor utilitario de los actos morales puede ser muy peligroso en un mundo complejo que muchas veces amenaza con aplastar o ignorar a aquéllos que son débiles o que parecen contribuir poco al progreso social. Y centrarse, como correctivo a esa tendencia, sólo en las reglas, puede ser muy problemático, porque es imposible construir reglas para toda situación posible, y la Biblia tampoco las provee. En tales circunstancias, el incluir en nuestras discusiones cuestiones de virtud y carácter le da una dimensión más profunda a nuestras decisiones morales. La Escritura no sólo se ocupa del tipo de actos que realizamos, sino del tipo de personas que debemos ser. No se ocupa sólo de darnos reglas, sino de volvernos sabios.

 

 

6. Algunos podrían pensar que el pensamiento iusnaturalista se limita a principios muy generales, pero que no tiene los recursos necesarios para lidiar con fenómenos contemporáneos altamente complejos. ¿Cuál fue su propia experiencia escribiendo La Bioética y la Vida Cristiana?

 

Es verdad que no podemos contemplar la naturaleza y derivar de ella un sistema detallado de reglas para cubrir toda situación posible. Pero los temas bioéticos ilustran de un modo profundo cuán importante es considerar el tipo de criaturas que somos, para qué nos creó Dios, cuáles son nuestros límites, y qué acciones conducen a degradar la dignidad humana. Si se habla de investigación con células madre, de clonación de humanos, de modificación del código genético, y este tipo de cosas, no se trata simplemente de aplicar algún principio general, sino de estar pensando profundamente respecto de lo que significa ser humano y cuáles son el tipo de acciones que son compatibles con tal realidad.

 

7. Algunos lectores podrían encontrar un problema ulterior en la relación entre la ley natural y la apologética reformada tradicional. Si la apologética reformada es generalmente presuposicionalista -si siempre debemos presuponer nuestras creencias como verdaderas, y no buscar un terreno neutral en común con el interlocutor- entonces no parece haber lugar para una teoría de ley natural. La ley natural estaría en el lado “evidencialista” de la división de la apologética contemporánea en “evidencialistas” y “presuposicionalistas”. ¿Cree usted que es razonable esta oposición entre ley natural y presuposicionalismo, o hay modos presuposicionalistas de adherir a la ley natural?

 

Es una pregunta importante. Yo mismo adhiero a una aproximación presuposicionalista a la apologética, ¡así que espero que estas cosas sean compatibles! Creo que la apologética presuposicionalista tiene razón en insistir en que en último término no hay creencias neutrales y que la naturaleza misma nos confronta con el único Dios verdadero. Pero lo que creo es que una buena teoría de la ley natural debiera afirmar eso mismo. Hay por supuesto muchas preguntas importantes y difíciles que se relacionan con esto y que no puedo discutir aquí. Pero llamaría la atención sobre los siguientes dos puntos. En primer lugar, creo que dentro de los círculos presuposicionalistas hay lugar a mucho trabajo creativo respecto del testimonio de la naturaleza en el trabajo apologético -no creo que en esto hayamos hecho todo lo que debiéramos. En segundo lugar, creo que es importante distinguir (sin separar absolutamente) la tarea de la defensa intelectual de la fe contra la increencia (que es tarea de la apologética), de la responsabilidad cristiana por ser un buen ciudadano en la esfera pública. En esta segunda situación los cristianos muchas veces pueden y deben discutir cuestiones de política pública sin explicar de modo explícito cada cosa que dicen en términos de sus más profundas convicciones religiosas. Tenemos una responsabilidad por vivir en paz con todos los hombres, al margen de las convicciones de ellos. Y si podemos lograr eso sobre la base de acuerdos morales básicos, de un modo que nos permita una coexistencia pacífica, eso es algo bueno aunque sigamos en desacuerdo sobre las cosas más importantes. Lo que creo es que debemos intentar remecer las conciencias de todas las personas en cuestiones morales importantes, sin que eso en cada caso signifique necesariamente sacar a la luz los presupuestos últimos.

 

 

8. Usted enseña en una cátedra de ética y teología sistemática. ¿Podría decirnos algo sobre cómo debemos pensar respecto de la relación entre estos dos campos? Es más bien corriente que sean tratados como campos separados, a cargo de distintos académicos. Por poner la pregunta de modo más directo: ¿cuánto trasfondo teológico requieren los cristianos en su reflexión moral?

 

Es verdad que muchos teólogos sistemáticos realizan su trabajo sin prestar mucha atención al estudio de la ética, y muchos cristianos en el campo de la ética están alejados de cualquier discusión seria en el campo de la teología sistemática. Así que, efectivamente, suelen ser tratados como campos distintos, con sus propias series de libros, sus propias sociedades académicas, y cosas por el estilo. Creo que eso es lamentable. En las Escrituras los mandamientos morales (los imperativos) siempre fluyen de la realidad del obrar creador y redentor de Dios que es explorado por la teología (el indicativo). Nuestro principal curso de ética en Westminster de California, donde enseño, se llama Doctrina de la Vida Cristiana. Me gusta el título. La ética cristiana no consiste en la memorización de un conjunto de reglas, ni en aprender cómo salir de situaciones de crisis moral. Se trata de un modo de vida que debe emerger de nuestra fe en Jesucristo y de nuestra ciudadanía en su reino. Sin entender de teología me temo que nuestra ética estará empobrecida.

 

 

9. En su última obra hay un ejemplo concreto de esto. Usted menciona el hecho de que muchos autores conectan sus ideas sobre los dos reinos con la doctrina de la doble mediación de Cristo, como mediador de la creación y de la redención. ¿Nos podría explicar esto algo más?

 

Buen punto, intentaré explicarlo con brevedad. En la temprana teología reformada era común afirmar que Dios gobierna todo mediante su Hijo, pero que lo hace de dos modos distintos: un gobierno divino con el Hijo como mediador de la creación y otro gobierno divino con Cristo como mediador de la redención. A esto correspondían dos reinos, a los que muchas veces se aludía como el reino civil y el espiritual. Estos teólogos asociaban el reino civil con el Estado y otras instituciones sociales, y el reino espiritual con la Iglesia. De ahí que hayan creído que Dios gobernaba sobre el gobierno civil –pero como Creador, no cono Redentor-, y que su propósito aquí era promover la paz, mantener el orden y guardar la justicia entre los hombres, en parte mediante el poder de la espada. Y creían que Dios gobierna la Iglesia –específicamente como Redentor-, en la cual tiene por propósito proteger y santificar un pueblo para la vida eterna, mediante el poder de la Palabra y los sacramentos. Esto es una descripción simplificada, pero espero que transmita la imagen básica. Las implicaciones para la vida cristiana son significativas. Los cristianos tienen obligaciones en ambos campos, en la Iglesia y en la sociedad, y no deben huir de lo uno ni de lo otro. Pero deben entender estos deberes de modo muy distinto. El policía cristiano, por ejemplo, puede servir de modo fiel a Dios y a su prójimo forzando al cumplimiento de la ley. Pero tiene que servir a Dios de un modo muy distinto como miembro de la Iglesia, donde tal fuerza le está prohibida.

 

 

10. Quisiera terminar con una pregunta muy general respecto del papel que puede desempeñar la idea de ley natural en el testimonio de la Iglesia ante el mundo. Muchas veces se piensa que este tipo de teoría moral, en la medida en que implica un lenguaje moral compartido con el mundo, sería más útil para comunicar nuestras convicciones en la esfera pública. ¿Pero se puede sostener esto cuando los propios pensadores seculares han abandonado esta tradición? ¿Qué diría usted respecto de cómo podríamos (y deberíamos) combinar la apelación a la ley natural con otro tipo de lenguaje moral, incluida la apelación a la revelación?

 

Esta es otra gran pregunta. La verdad es que es muy difícil comunicar las verdades de la ley natural a aquéllos que tienen convicciones significativamente distintas respecto de Dios el mundo. No creo que los cristianos vayan a llegar a desarrollar una teoría robusta de la ley natural que pueda ser compartida con pensadores seculares. Más bien hay necesidad de desarrollar una teoría de la ley natural que sea teológicamente rica y bíblicamente fundada -precisamente para los cristianos. Esto nos ayudaría a comprender las cosas que todo el mundo ya sabe (aunque lo nieguen), y nos ayudaría a ver por qué tipo de problemas debemos estar ocupados en la vida pública. También nos ayudaría a entender mejor la naturaleza de la rebelión del hombre contra Dios, y así también a predicar mejor el evangelio. La Reforma afirmaba que no podemos predicar el evangelio sin comprender la ley. Ciertamente en nuestro evangelismo también debiéramos usar el testimonio de la naturaleza para convencer de pecado, pero esto debe siempre ser realizado en conexión con la prédica desde las Escrituras.

 

Ahora bien, la cuestión de cómo los cristianos debamos usar las verdades de la ley natural cuando participamos de debates políticos y legales con no cristianos, para comunicarnos más efectivamente en nuestro trabajo por el bien público -yo creo que ésa es una pregunta de segundo orden. Pero es una pregunta de segundo orden que no creo que logremos responder bien hasta que hayamos desarrollado nuestra propia comprensión teológicamente rica de la ley natural.

Entrevistó Manfred Svensson

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