Estudios Evangélicos

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¿Servicio a Dios y al prójimo desde la profesión? Una mirada desde la historia de David

Muchos de los sectores profesionales han reaccionado a los problemas creando un microuniverso donde ellos pueden vivir sin prestar mucha atención a la terrible realidad que los rodea.

Tupac Amaru es una figura imponente en la historia del Perú. Este hombre comandó la última gran rebelión Incaica en contra del gobierno colonial. Lamentablemente, la revuelta fue rápidamente apagada al ser traicionado por sus propios subalternos. Tanto el Inca como su familia fueron finalmente apresados. Tupac mismo tuvo que observar cómo los conquistadores torturaban y mataban a su esposa y a sus hijos. Posteriormente sus brazos y piernas fueron amarrados a cuatro caballos que fueron espantados en diferentes direcciones hasta que su cuerpo fue desmembrado en pedazos.

 

La figura histórica de Tupac Amaru II es un símbolo de la búsqueda Latinoamericana por justicia, pero también es un doloroso recordatorio de nuestras propias debilidades e inconsistencias. Su recuerdo ha sido usado y abusado por innumerables grupos y fuerzas sociales que declaraban ser sus herederos. En nuestros días muchos latinoamericanos también nos sentimos como si estuviéramos atados a fuerzas opuestas que están tratando de despedazarnos.  Esas cuatro fuerzas podrían representarse por: (a) Los gobiernos que carecen de soluciones para nuestros más graves problemas (b) El sistema global que ejerce una poderosa presión sobre la economía y la cultura de la región (c) El desencanto y la falta de compromiso de los actores sociales para enfrentar sus propios problemas (d) la religión que ha fallado en presentar una propuesta genuina y compasiva a los problemas de la sociedad.

 

Estas fuerzas opuestas han erosionado el corazón y el alma de nuestros pueblos. Cientos de miles están dejando nuestros países para siempre, buscando mejores oportunidades para ellos y sus familias en otros países. La gran mayoría de los que se quedan, simplemente están tratando de sobrevivir en un ambiente que les es adverso. Sin embargo, hay todavía algunos que sí tienen la oportunidad de fructificar en la región. Entre ellos están los profesionales que desarrollan sus carreras con relativo éxito. Desgraciadamente, aunque ellos han ganado cierto bienestar, las fuerzas que operan contra nuestra región también los afectan. Sin embargo, cada grupo social reacciona de una manera distinta a los problemas que afectan a la sociedad. En este caso, muchos de los sectores profesionales han reaccionado a los problemas creando un microuniverso donde ellos pueden vivir sin prestar mucha atención a la terrible realidad que los rodea. Esta clase de evasión social también afecta a los cristianos.

 

Latinoamérica ha vivido en permanente crisis política y social durante toda su historia moderna. La crisis laboral y profesional es delicada y en toda nuestra región. Como resultado, nos hemos convertido en exportadores no-tradicionales de mano de obra al mundo entero. Basta mostrar como ejemplo que sólo en los últimos cinco años, varios cientos de miles de peruanos han dejado el país en búsqueda de oportunidades laborales que no pueden encontrar en su propia tierra.

 

Ser profesional en nuestros países es una necesidad para sobrevivir pero también una gran responsabilidad. No sólo implica un mejor pasar económico, sino también la obligación de contribuir con conocimiento y práctica en una sociedad que sufre. En el continente más desigual del mundo, nosotros no podemos contentarnos con que los profesionales se vuelvan simplemente en privilegiados que viven en una especie de ghetto en el que tratan de no ver la miseria a su alrededor.

 

Nosotros hemos sido formados tradicionalmente bajo la dicotomía entre lo profano y lo sagrado. Los sufrimientos de la sociedad y la falta de esperanza en los sistemas político-sociales de latinoamérica han servido para generar una profunda separación entre lo que la gente hace y cree en la iglesia y lo que hace y piensa en el mundo. Las “cosas” del mundo aparentemente no tienen esperanza y deben darles la espalda a ellas. Lo sagrado o celestial debe ser fortalecido, pero sin que tenga contacto con la vida mundana para no contaminarse con la corrupción imperante.

 

Esta fuerte separación teológica nos obliga a terminar percibiendo nuestra participación en el mundo sólo a través del buen testimonio, la adoración pública y la evangelización verbal. Tendemos a que nuestros discursos religiosos habituales sean ajenos a las circunstancias por temor a “secularizarlos,” quitándonos la posibilidad de ser bendición justamente allí ‘donde las papas queman’. Nos hemos conformado con “declaraciones religiosas” inocuas antes que con “acciones de fe”.

 

Aunque parece estar fuera del ámbito de lo “sagrado”, el trabajo ha sido y continuará siendo una condición fundamental de la integridad de la existencia humana. Miroslav Volf sostiene que a través del trabajo nosotros podemos entender quienes somos y cómo funcionamos en la sociedad[i].

 

Mi meta como teólogo es poder encontrar las mejores maneras con las que se puede ayudar a los profesionales cristianos a entender sus realidades y responsabilidades desde una perspectiva integral. Además, es animarles a ser testigos y siervos en sus respectivos mundos laborales con una visión holística de la misión cristiana. Para poder conseguir esto, uno debe trabajar muy cuidadosamente con el texto bíblico. Precisamente,  Brian Hebblewaite arguye que la historia del cristianismo es el resultado de aplicar los principios de la Escritura y el ejemplo de los héroes bíblicos, “a las diferentes necesidades de hombres y mujeres en sus particulares circunstancias históricas”[ii].

Yo considero que los textos narrativos de la Biblia nos ayudan a recuperar los principales argumentos y la valentía de la fe evangélica. Confrontar los personajes bíblicos y sus circunstancias con nuestras propias personalidades y circunstancias puede ayudarnos a evitar la ambigüedad en la cual muchas veces vivimos. En este caso, yo he escogido la historia de David y Goliat como el tema de reflexión que puede darnos una imagen alternativa que muchos profesionales están necesitando para poder hacer un cambio en sus vidas cristianas. El consejo de Walter Bruennemann es pertinente para el caso de los textos narrativos del libro de Samuel. Él dice:

 

Nosotros no somos espectadores de las historias del libro de Samuel. Cuando esperamos lo suficiente, con suficiente paciencia, viene a ser absolutamente claro que nosotros estamos en el medio de esas historias – valorando nuestro propio pasado, empujados por una fuerza superior, extrañamente visitados por aquel que dice llamarse Dios. La tarea pastoral es manejar esas historias de tal manera que ellas vienen a ser una alternativa abierta para nuestra propia vida, así que la realidad del poder, la incomprensible providencia divina, y lo crucial de la personalidad humana hablan por sí mismas. Sin esas historias nosotros no seríamos capaces de ver con claridad, de amar candorosamente, o de seguir a Dios de cerca[iii].

 

El tema principal de la historia de David es el proceso de volverse verdaderamente humano[iv]. Eugene Peterson pregunta: “¿Qué es lo que tenemos que enfrentar para crecer?”[v] La vigorosa presencia de David nos da claves para encontrar nuestros propios senderos de crecimiento. A través de él, nosotros podemos aprender que nuestras circunstancias sociales y culturales no pueden estar fuera del alcance de nuestras manos y de la intervención divina. Como nuestros contemporáneos latinoamericanos, el joven David también tiene que enfrentar una violenta oposición. Dale Davis piensa que uno podría decir que David tiene que pelear cuatro gigantescas fuerzas opuestas: (1) Goliat, el gigante invasor (b) Saúl, el gigante incompetente (c) Eliab, el gigante experto pero incapaz (d) La religión judía, el gigante ausente.

 

Esas cuatro fuerzas opuestas también trataron de erosionar el alma y el corazón de David. Dale Davis dice que, “toda la gente importante alrededor de David estaba débil. Si nosotros pudiéramos verbalizar a los gigantes, Eliab podría haberle dicho a David ‘Tú eres un fastidio’ (v.28) Saúl le hubiera advertido, ‘Te falta madurar’ (v.33), y Goliat le hubiera dicho, ‘Tú eres insignificante’ (v.42)”.[vi] Yo añadiría en este caso que la gente religiosa debilitaría a David con un silencio permanente debido a la falta de integración entre lo secular y lo sagrado. Eugene Peterson piensa que si nosotros escuchamos a los gigantes y hacemos lo que nos dicen, difícilmente podremos movernos.

 

Cuando David llega al valle de Ela, el gigante Goliat dominaba la escena. Dale Davis dice que, “Saúl e Israel [en este momento] están tanto impresionados como deprimidos”[vii]. Eugene Peterson menciona que, “Goliat – su tamaño, su brutalidad, su crueldad – se imponía en el mundo. Goliat era el guía alrededor del cual cada uno se medía a sí mismo”[viii]. La opinión generalizada fue que era imposible derrotar al gigante extranjero, y también Saúl, su gigantesco líder, era incapaz de enfrentar al enemigo. Goliat era visto como el incomparable campeón que empequeñecía a Israel y que “deshonraba al Dios de Israel”[ix]. Saúl había sucumbido ante la presión del enemigo y terminó empequeñecido, y todos los Israelitas estaban sin rumbo y desesperados.

 

Saúl no era el líder fuerte que los Israelitas estaban esperando. Aunque fue electo debido a que era físicamente más grande que los demás, sus cualidades externas no le sirvieron en su función como gobernante. En lugar de enfrentar el enemigo por él mismo, prefirió ofrecer una recompensa populista a quién se deshiciera del enemigo. Es evidente que el gobierno de Saúl carecía de recursos para llevar a su pueblo a la victoria. Nosotros también podemos inferir la imprudencia de Saúl al escoger un hombre joven e inexperto para enfrentar al poderoso enemigo. Yo me pregunto, ¿qué clase de líder puede desear poner en peligro la vida de uno de sus ciudadanos más jóvenes? ¿Qué clase de líder es capaz de poner en peligro la libertad de su país con un plan tan tirado de los pelos?

 

Yo soy peruano pero he vivido muchos años en Chile. La historia de ambos países también cuenta con una guerra dramática al final del siglo XIX. Como yo he vivido en ambos países, he participado de las celebraciones patrióticas tanto de Perú como de Chile. Es muy interesante notar que ninguno de los países celebra sus victorias, sino sus derrotas. Por ejemplo, Perú conmemora cuando los chilenos tomaron posesión del estratégico Morro de Arica. Por el otro lado, Chile celebra la batalla naval de Iquique, donde parte de la flota chilena fue destruida por la armada peruana. Grandes monumentos en ambos países recuerdan las batallas que perdieron, pero nunca las victorias. Nuestros más renombrados estrategas militares son recordados por sus desastrosas estrategias de combate.

 

Hoy en día, latinoamérica está llena de “expertos” que teóricamente son capaces de resolver todos nuestros problemas. Pero sus soluciones nunca funcionan en el mundo real. Ellos son expertos en predecir un futuro que cuando no llega conforme a lo predicho, entonces ellos se vuelven expertos en dar las razones por las que el nuevo presente no es conforme a sus predicciones.

 

David tuvo que enfrentar también a los “expertos” de su tiempo. Cuando él arribó al valle de Ela, el lugar estaba lleno de curtidos estrategas militares, sesudos políticos, y experimentados diplomáticos, pero ninguno de ellos sabía realmente cómo enfrentar la situación. La primera estrategia militar que David observó en el campo de batalla fue cuando los soldados, “…vieron a Goliat, [y] huyeron despavoridos…”[x]. Un David asombrado se dio cuenta de que, “en el ejército Israelita, cada soldado que mide más de un metro cincuenta está caminando agachado con la esperanza de que nadie lo note en caso de que haya una convocación para elegir un contrincante para Goliat”[xi].

 

Cuando David empezó a reclamar en contra del gigante filisteo, Eliab, uno de sus hermanos mayores, lo acusó de ser irresponsable porque, para él, David había dejado sus “verdaderas” ocupaciones desatendidas. Para sus hermanos mayores, David tenía funciones precisas que cumplir: “traerles provisiones y volver llevando las noticias a su Padre”. Estos expertos inservibles asumieron equivocadamente que David no tenía “vela en el entierro” Israelita. Por supuesto el Rey Saúl tampoco vio en David ningún potencial debido a su juventud, tamaño, e inexperiencia. Él sólo sabía que el enemigo, “… ha sido un guerrero toda la vida”[xii].

 

¿Qué hubiera pasado si David hubiera obedecido el consejo de los “expertos”?  Probablemente, él hubiera regresado a Belén, absolutamente convencido de que no tenía nada que hacer en Ela y sintiéndose culpable e inservible. Henry Nouwen, el famoso teólogo ya fallecido, comentando el problema de la falsa especialización dice lo siguiente: “[los no-especialistas] tienden a subestimar sus potencialidades y rápidamente buscan un referente en aquellos que tengan títulos, así terminan dejando su propio poder creativo sin usar”[xiii]. Eugene Peterson cree que este falso entendimiento de la posición de los expertos nos transforma en seres dependientes y meros consumidores que prefieren delegar sus propias responsabilidades en expertos.

 

Una de las cosas que más me avergüenzan dentro de la Iglesia cristiana en latinoamérica es su agenda tan extraña. Como Iglesia, nosotros hemos estado casi totalmente ausentes en los momentos más dramáticos, dolorosos, y controversiales de nuestra historia reciente. La base teológica de este problema radica en la visión dicótoma de la realidad (entre lo profano y lo sagrado). Como resultado, las enseñanzas de la iglesia no están relacionadas con los difíciles momentos que el pueblo latinoamericano atraviesa, sino con una visión más periférica y sumida en asuntos religiosos que tímidamente intentan ofrecer una alternativa de vida. Esta dicotomía sacro-secular promueve un Evangelio demasiado individualista que refuerza la idea de una muy privada relación con Dios. Las responsabilidades comunitarias o sociales son vistas como un compromiso secundario y hasta peligroso para los creyentes. Muchas organizaciones religiosas tímidamente participan en la agenda del país, pero sólo desde el punto de vista religioso-institucional.

 

Mientras leía el texto de Samuel, yo me iba preguntando, ¿dónde estaban los profetas y sacerdotes cuando Goliat estaba insultando y amenazando a Israel? ¿Dónde estaba Samuel en estos momentos? Es muy interesante para mí que en este larguísimo capítulo el ejército religioso está totalmente ausente.  Probablemente, la ineptitud de Saúl había causado que los sacerdotes y profetas se alejaran de él. Quizá ellos estaban tan asustados como el resto de la gente. En muchas otras historias de la Biblia, los sacerdotes estuvieron al frente de la batalla. Entonces, ¿qué pasó aquí? La Biblia no ofrece ninguna respuesta a esta pregunta. Los líderes religiosos y la religión Israelita estaban simplemente ausentes del campo de batalla.

 

Sin el consejo de Dios, los Israelitas fueron dejados sin esperanza, trascendencia, y fuerza. Por esta razón, el arribo del joven e inexperto David al campo de batalla es providencial. Es aquí donde por primera vez escuchamos la voz de David en todo el texto Bíblico. Sus primeras palabras fueron preguntas, no respuestas ni conclusiones. Él había oído la amenaza de Goliat, y ahora quería saber que es lo que Israel iba a hacer con eso. Dale Davis dice que, “las preguntas de David no son palabras mágicas para solucionar los problemas, sino definitivamente instructivas. Aquí se nos demuestra cuán importante que establezcamos un primer paso [en nuestra observación de la realidad], y que hagamos las preguntas correctas en el momento preciso”[xiv].

 

En el Valle de Ela, los religiosos profesionales estuvieron ausentes, pero un simple creyente fiel hizo la diferencia. Él se informó, se hizo parte del problema, y puso en consideración una alternativa que poco se había considerado anteriormente: La Presencia y el Honor de Dios. Él no permitió que su hermano influencie sobre él negativamente. Tampoco permitió que Saúl lo confine a sus propias armaduras militares. Por otro lado, aparentemente no había un consejero religioso a quien recurrir. Él hizo sus preguntas todo lo que podía, hasta que se ganó la posibilidad de ser oído por la autoridad.

 

David era un neófito en el Valle de Ela, pero él pudo sumergirse inmediatamente en las circunstancias que su pueblo estaba viviendo. Su perspectiva religiosa estaba directamente relacionada con la agenda actual de su nación. Eugene Peterson dice: “David fue una figura marginal, tanto como cualquier otro cristiano – podría llamársele un simple laico. Pero su importancia no se sostiene en su reconocimiento oficial sino en su integridad, en su fe en Dios”[xv].

 

Sin embargo, existe una gran diferencia entre el David bíblico y algunos cristianos modernos. Lo primero es que muchos cristianos centran su responsabilidad en “hablar” acerca de Dios. Ellos consideran el servicio como una “operación verbal”. Ellos no son oyentes, no son siervos. Ellos sólo son comentaristas críticos de la realidad. Dale Davis dice sarcásticamente, “Ahora hay algunas personas… que hablan mucho y sin parar. Ellos comentan aun de lo que no necesita comentario y reaccionan ante lo que no requiere reacción”[xvi]. David no se resignó sólo con opinar acerca de la realidad y mostrar su posición bíblica. Este tipo de respuesta es muchas veces infructuosa.  Como lo dice Henri Nouwen:

 

Alguien que está lleno de ideas, conceptos, y opiniones no puede ser un buen anfitrión. [Este tipo de personas] no tienen espacio interior para escuchar, ni tampoco apertura para descubrir lo que otros le pueden dar. No es difícil ver como aquellos “que lo saben todo” pueden matar una conversación y cortar todo intercambio de ideas[xvii].

 

David planteó su posición ética y espiritual para fomentar la acción. Por eso, la segunda diferencia es que David estuvo dispuesto a probar su fe con hechos allí mismo donde estaban los problemas. Eugene Peterson observa que David nunca había peleado en batalla o visto a un gigante antes, pero su experiencia personal en sus negocios privados fueron suficientes para demostrarle que Dios lo tomaba seriamente en cualquier área en la que se desenvolviera. Las circunstancias variarían, pero Dios sería el mismo en medio del rebaño o la batalla.

 

Nuestra declaración de que Dios es el Señor del universo entero y Señor de toda vida no puede ser sólo un lindo tema para una melodiosa alabanza, sino todavía más una declaración de propósito que nos impulsa a mostrar la gloria de Dios a través de nuestro servicio práctico en los lugares en donde Dios nos ha puesto. David me enseña que es imposible permanecer en una posición neutral con los problemas del mundo. Dios me está preguntando, “¿esta situación de verdad te preocupa? ¿Te importa realmente?” La credibilidad del Evangelio sólo podrá ser restaurada si nosotros venimos a ser las manos de Jesucristo y no sólo sus voceros.

 

Para nosotros debe estar sumamente claro que no existe ninguna parte de la existencia humana que esté ajena a los intereses de Dios, y, por lo tanto, fuera del servicio cristiano. El oponernos al mal en este mundo (en todas sus formas evidentes y sutiles) es una obligación interpuesta por nuestra fe, por nuestro encuentro con Dios. Creo que ha llegado el momento en que debemos empezar a desafiar la validez de nuestra espiritualidad no por nuestra satisfacción interior o por nuestras excepcionales experiencias religiosas, sino por nuestro genuino servicio al mundo.

 

Nosotros no podemos seccionar al mundo en áreas para bendición y otras para maldición. Nosotros hemos sido creados por Dios para vivir en comunidad. Todos los seres humanos merecen el mismo respeto. La imago Dei es un poderoso fundamento teológico que nosotros debemos reevaluar correctamente. Nosotros no sólo somos siervos de nuestra Iglesia o denominación, sino también siervos de la humanidad entera. Es una verdadera blasfemia permitir que otros seres humanos sean tratados injustamente porque esta actitud niega el sagrado valor de una persona creada a la imagen de Dios. Al mismo tiempo, nuestra comunidad de fe tiene que ser un lugar donde nosotros, y todos los demás, podamos disfrutar de amor y fraternidad. Wolfgang Schrage arguye que las principales demandas de la ética del Nuevo Testamento no son individuales sino comunitarias[xviii]. Aún más, Lisa Sowle Cahill señala que la moralidad del Nuevo Testamento está basada en el fundamento divino que permite una completa transformación de las relaciones humanas.[xix]  En un mundo donde la sociedad está ultra-individualizada, La Biblia propone un acercamiento más comunitario a la vida en donde los cristianos vienen a ser siervos de la humanidad.

 

Los cristianos en latinoamérica necesitan leer la Biblia en un espíritu de cuidadoso estudio, obediencia, compasión, servicio, y práctica. En tiempos cuando la religión está siendo relacionada con fanatismos suicidas, y cada creencia está siendo sujeta a una profunda crítica debido a su falta de pertinencia y acercamiento a las circunstancias actuales, la Iglesia debe volver a sus raíces. Esto significa que ella no puede renunciar a sus fundamentos, aceptando que los principios bíblicos no son sólo un ejercicio intelectual sino también un compromiso práctico  con el eterna y amoroso plan de Dios para toda la humanidad.

 

Por estas razones, yo considero que es absolutamente importante que los cristianos en latinoamérica eliminen algunos de los viejos y degradantes métodos de evangelización que están llenos de agresividad, prejuicios y manipulación. En vez de eso, nosotros debemos crear espacios compasivos intencionalmente en nuestra agenda para compartir con nuestros colegas, clientes y prójimo en general. Asimismo, debemos entender que nuestras profesiones son también parte del ministerio con el cual colaboramos con el Dios que es Creador y Redentor de la humanidad. Esto no significa que nosotros tenemos que debilitarnos en nuestras creencias y convicciones. El consejo de Henri Nouwen es pertinente:

 

Cuando queremos ser realmente hospitalarios nosotros no sólo tenemos que recibir a los extraños sino también confrontarlos con una presencia sin ambigüedades, no ocultándonos a nosotros mismos detrás de una falsa neutralidad, sino mostrando nuestras ideas, opiniones, y estilo de vida clara y distintivamente. Ningún diálogo real es posible entre dos lejanos fulano y sutano. Nosotros tenemos que entrar en comunicación con los demás sólo cuando nuestras propias alternativas, actitudes y puntos de vistas ofrecen límites que desafían a los extraños a mantenerse alertas acerca de su propia posición y explorarla críticamente. [xx]

 

Pero esto no es todo. Para ser efectivos testigos y sirvientes, nosotros tenemos que estar donde está la gente, esto es, en el mundo del diario vivir, en el centro de trabajo, en la escuela, en la universidad, en los comercios, en el vecindario. Nosotros debemos desarrollar nuestro cristianismo siguiendo el consejo de Paul Stevens. Él dice que, “[Esto tiene que ver con] la posibilidad de santidad para la gente común y corriente en la médula de la vida, justo en el centro de la existencia y no sólo en el calmo perímetro”[xxi].

 

El mismo autor nos vuelve a proponer el desafío: “La verdadera espiritualidad es mucho más subversiva que las actividades religiosas. Ésta se mete en el mismo centro de nuestras vidas, empujándonos a encontrar a Dios aquí en la tierra en vez de arriba en el cielo”[xxii].

 

El apóstol Pablo invitó a sus discípulos a pensar en todas las cosas que eran dignas de ser pensadas, pero Él también nos invita a seguir su ejemplo hoy. Él dijo: “Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes”[xxiii]. Cuando yo leo las historias de la Biblia, como la historia de David y Goliat, encuentro que siempre inconscientemente tiendo a identificarme totalmente con los buenos de la película. Sin embargo, mi examen crítico tiene que incluir mis propios hechos y palabras, no sólo los de ellos. Observándolos, yo tengo que descubrir las brechas teológicas y prácticas que me separan de ellos y que necesito cubrir imperiosamente.

 

En el caso de nuestra interpretación de la historia de David y Goliat, algunas veces pienso que nosotros hemos fabricado un David que dista mucho de ser parecido al David bíblico. Podríamos decir que nuestro David es un pastor profesional que trabaja en el negocio familiar con relativo éxito. Él es también un devoto creyente que ha experimentado la compasión y el poder de Dios en su propia vida. David es valiente, espiritual, generoso, y amigo de sus amigos. Aún más, él está interesado en el arte y toca bellamente varios instrumentos musicales.

 

Aunque su país estaba en crisis, él entendió que su responsabilidad estaba en ser un buen ciudadano, buen hijo, buen trabajador, buen creyente, y en el futuro, buen esposo y padre. Él no estaba envuelto en política, porque había oído (de muy buena fuente) que el rey Saúl no estaba haciendo las cosas muy bien y, por lo tanto, él no quiso participar en un gobierno corrupto que no tenía las cosas claras y que estaba alejado de Dios. El David diferente prefería orar por sus autoridades, estar envuelto en algunas obras benéficas, y pagar sus impuestos a tiempo.

 

Un día, su padre lo envió al campo de batalla donde sus hermanos mayores estaban peleando en el ejército real. Él llevaba algunos alimentos, unos regalos para los jefes de sus hermanos, y debía volver inmediatamente con noticias para su padre.  Nuestro obediente David fue a ver a sus hermanos, entregó la comida y los regalos, y después de algunas conversaciones con algunos conocidos y, de seguro, alguna reunión de oración con ellos, él regresó a Belén a vivir su muy privada, feliz, santa, y silenciosa vida.

 

Este David suena realmente bien, pero es muy diferente al David que aparece en las Escrituras. Este David diferente suena más como un cuento de hadas, y no como la historia apasionada de un hombre santo. Si no escuchamos a los textos bíblicos con sinceridad, nuestras apreciaciones de la Biblia pueden quedar reducidas a, “buenas causas, un romanticismo pío, una moralidad conservadora, los cuales cubren la violencia, el odio, y la ambigüedad en que vivimos”[xxiv].

 

Esta reflexión puede servir como un ejercicio práctico que nos puede permitir integrar nuestra experiencia personal con la historia de David. Nuestras vidas enteras deben ser escudriñadas por las Escrituras. Además, como dice Gordon Smith, “nosotros necesitamos discernir nuestras vocaciones y también discernir como Dios nos ayudaría a llenar esta vocación en medio de las complejidades y destrucción de nuestro mundo”[xxv].


[i] Volf, Miroslav. Work in Spirit – Toward a Theology of Work. 26

[ii] Hebblethwaite, Brian. Christian Ethics in the Modern Age. 134

[iii] Brueggemann, Walter. Power, Providence & Personality – Biblical Insight into Life and Ministry. 22,23

[iv] Peterson, Eugene. Leap over a Wall – Earthly Spirituality for everyday Christians. 39

[v] Ibid. 39

[vi] Ibid. 46,47

[vii] Davis. OpCit. 39

[viii] Peterson. OpCit. 39

[ix] Davis. OpCit. 38

[x] Nueva Versión Internacional. 1 Samuel 17.24

[xi] Goldingay, John. Men Behaving Badly. 123

[xii] Nueva Versión Internacional. 1 Samuel 17.33b

[xiii] Nouwen, Henri. Reaching Out – The Three Movements of the Spiritual Life. 93

[xiv] Davis. OpCit. 43

[xv] Peterson. OpCit. 44

[xvi] Davis. OpCit. 42

[xvii] Nouwen. OpCit. 103,104

[xviii] Schrage, Wolfgang. The ethics of the New Testament. 5

[xix] Sowle Cahill,Lisa and Childress, James F. – editors. Christian Ethics – Problems and Prospects. 9

[xx] Nouwen. OpCit. 99

[xxi] Stevens, Paul. Seven Days of Faith – Every Day Alive with God. 14

[xxii] Ibid. 20

[xxiii] New International Version. Philippians 4:9

[xxiv] Brueggemann. OpCit. 83

[xxv] Smith, Gordon. Courage & Calling – Embracing Your God-Given Potential. 35

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