Estudios Evangélicos

¡Bienvenidos!

#

No he venido a traer paz. Comentario al libro “Jesús de Nazaret”, de Joseph Ratzinger

Jesús de Nazaret es un libro que sorprende gratamente, porque mediante el estudio sobre el ministerio de Cristo, su autor acaba con varios paradigmas propios de la Iglesia Católica Romana (PARTE I).

PRIMERA PARTE.

Sin su enraizamiento en Dios, la persona de Jesús resulta vaga, irreal e inexplicable. Rudolf Schnackenburg

Cito estas palabras del más destacado exégeta católico de la segunda mitad del siglo XX, quien percibió el peligro de las imágenes históricas sobre Jesús, construidas por el método histórico-crítico. Él las considera insuficientes y poco fiables para entender su figura histórica. En su obra La persona de Jesucristo reflejada en los cuatro Evangelios, Schnackenburg concluye como un punto decisivo el Ser de Jesús en unión con Dios.

De la misma forma que Schnackenburg, Joseph Ratzinger intenta abordar la imagen del Jesús histórico pero en relación de la comunión con el Padre. Aunque va más allá: discrepa con la obra del exégeta alemán, en el cuestionamiento que este hace a los Evangelios por el énfasis que pondrían en la naturaleza humana por sobre la divina. Según Schnackenburg, los Evangelios buscan revestir de carne al Cristo, tesis que el autor de Jesús de Nazaret no comparte: el Mesías realmente se hizo carne, y su naturaleza humana sería tan completa y determinante como la divina.

Para la fe bíblica, afirma Ratzinger, es necesario referirse a hechos históricos, para demostrar que no se basa en mitos como símbolos de verdades transcendentales. Son fundamentales para el trabajo exégetico y forman parte de la metodología utilizada en la elaboración de este libro. Por medio de estos hechos podemos confiar en la entrada efectiva de Dios en la historia real (pág. 11).

Este tomo nos introduce en la historia del Mesías desde su bautismo hasta la transfiguración. Pone énfasis en su oficio profético, y su figura como la del “nuevo Moisés”, el cumplimiento de una promesa escatológica. Por ejemplo, lo podemos ver en su estudio sobre el Sermón de la Montaña, específicamente en las Bienaventuranzas, que con frecuencia han sido leídas como una antítesis de los Diez Mandamientos, desde una perspectiva neotestamentaria. Ratzinger defiende la postura que el Sermón de la Montaña es la profundización de los mandamientos en relación al prójimo, pero de ninguna manera estarían aboliendo la Ley. Jesús en su rol profético, como el “nuevo Moisés”, estaría reforzando el Decálogo.

También destaco de manera particular, desde mi lectura como cristiano reformado, el capítulo sobre las tentaciones.

Vladimir Soloviev atribuye un libro al Anticristo, El camino abierto para la paz y el bienestar del mundo cuya tesis central es la veneración a la paz y estabilidad de una sociedad enteramente racional. Ratzinger nos confronta a la pregunta ¿qué debiese hacer un salvador? Desde las tentaciones, y durante todo su ministerio, Jesús se encuentra ante la persistencia de las situaciones (y de Satanás en este caso) de probar su divinidad (los milagros, la opinión de la gente y de sus discípulos). En el caso de las tentaciones, hay una mezcla de burla y provocación. Son las mismas “credenciales celestiales” que exigimos de Dios: si existes, Dios, tienes que mostrarte. Si tú, Cristo, eres realmente el Hijo y no uno de tantos iluminados que han aparecido continuamente en la historia, debes demostrarlo con mayor claridad de lo que lo haces (pág. 55).

Jesús viene a poner de cabeza las falsas esperanzas judías de su época, mostrando en la totalidad de su mensaje profético que el ser el Mesías encarnado no tiene relación con asumir poder político y terrenal, sino con la cruz y la nueva comunidad espiritual adquirida por Él, para reconciliar con el Padre, a través de su sacrificio expiatorio. El mensaje cristiano no es una fórmula para el progreso (volviendo de paso a la idea de Soloviev), pensar de tal forma sería caer nuevamente en la misma tentación. Jesús es el siervo sufriente, destinado a morir.

Jesús de Nazaret es un libro que sorprende gratamente, porque mediante el estudio sobre el ministerio de Cristo, su autor acaba con varios paradigmas propios de la Iglesia Católica Romana. Critica abiertamente a la iglesia, el imperialismo cristiano y su poder político, la exégesis moderna (a partir de resultados aparentes de ésta, se han escrito los peores y más destructivos libros de la figura de Jesús, que desmantelan la fe. pág. 60), etc. Estos factores, entre otros tantos, harán que para el lector protestante ésta no sea una mera lectura. Una obra totalmente recomendable.

Dejar un comentario:

Ver comentarios

Pato D.

28 Febrero 2013, 05:15 PM

Estimado David, me gustaría que ahondaras más en eso de que J. Ratzinger-Benedicto XVI “acaba con varios paradigmas propios de la Iglesia Católica Romana”. Yo soy católico, leí el libro y no me pareció así. ¿Podrías referirte a alguna página o capítulo en especial? Decir que la “iglesia, el imperialismo cristiano y la exégesis moderna” son patrimonio de la Iglesia Católica puede resultar demasiado vago y hasta del todo inexacto. Saludos,