Estudios Evangélicos

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El sueño del ex-Presidente Allende: el nuevo hombre, la nueva sociedad y el evangelio

Crear una sociedad solidaria es un ideal que excede con mucho las capacidades de los gobiernos humanos, y antes que ello, no es tampoco una función que Dios les haya asignado.

“A los que aún están marginados de este proceso les digo: vengan, hay un lugar para cada uno en la construcción de la nueva sociedad.”

Salvador Allende Gossens

“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”

Jesús de Nazareth

El Ex Presidente Allende fue un hombre extraordinariamente prolífico en discursos[1]. En ellos, expresaba sus ideas y sueños más profundos para Chile. Lo hacía de una manera casi poética, con épica y un sentido de urgencia y cooperación. (¡Algo por cierto muy ausente en los políticos de hoy!)

Muchos de sus discursos sobreviven hasta hoy y han sido transcritos. La tecnología audiovisual nos ayuda a imaginar el contexto en el cual fueron pronunciados, y a asimilar el registro de su voz. Ellos, también nos ayuda a comprender cuáles (o cuál) era(n) su(s) sueño del Ex Presidente para Chile.

Así, el día de su victoria el Ex Presidente declara:

(…) al llegar a La Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular (…)

Dije, y debo repetirlo: Si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.

 

De la misma forma, en su discurso pronunciado en el Estadio Nacional de Santiago, el 5 de noviembre de 1970, con motivo del inicio del Gobierno Popular señaló:

Sólo unidos hombro a hombro, todos los que amamos a esta  patria, los que creemos en ella, podremos romper el subdesarrollo y edificar la nueva sociedad.

(…) Lo asume para orientar al  país hacia una nueva sociedad, más humana, en que las metas últimas son la  racionalización de la actividad económica, la progresiva socialización de los medios productivos y la superación de la división de clases.

(…) El resto del mundo podrá ser espectador de los cambios que se produzcan en  nuestro país, pero los chilenos no podemos conformarnos con eso solamente,  porque nosotros debemos ser protagonistas de la transformación de la sociedad (…) A los que aún están marginados de este proceso les digo: vengan, hay un lugar para cada uno en la construcción de la nueva sociedad.

Crear una nueva sociedad en que los hombres puedan satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, sin que ello signifique la explotación de otros hombres.”

 

Su compromiso con lo que él denominó “La nueva sociedad”, no sólo lo hizo en forma solemne ante los ciudadanos.  Una vez en ejercicio del Gobierno, en su primer Mensaje Presidencial ante el Congreso Pleno, el ex Presidente declararía:

“Pocas veces los hombres necesitaron tanto como ahora de fe en sí mismos y en su capacidad de rehacer el mundo, de renovar la vida (…)

            “Señores miembros del Congreso Nacional: Aquí estoy para incitarles a la hazaña de reconstruir la nación Chilena tal como la soñamos. Un Chile en que todos los niños empiecen su vida en igualdad de condiciones, por la atención médica que reciben, por la educación que se les suministra, por lo que comen. Un Chile en que la capacidad creadora de cada hombre y de cada mujer encuentre cómo florecer, no en contra de los demás, sino en favor de una vida mejor para todos”

 

El Ex Presidente estaba convencido de poder crear una nueva sociedad[2], en transformar su sociedad actual en una mejor. Es, por lo tanto, legítimo y pertinente preguntarse “¿cuál era el problema con su sociedad contemporánea?” Al fin al cabo, se quiere un cambio en el “status quo” cuando éste no es lo que se espera o desea (o como se dice en jerga política actual “no está a la altura”).

Pues bien, el Ex Presidente tenía una visión, un diagnóstico, muy severo de la sociedad en la que vivió. En efecto, se trataba de una sociedad esclavizada por el capital extranjero, basada en la explotación y el egoísmo.

Así lo manifestó el día de su victoria al decir que:

“(Su) herencia es una sociedad frustrada en sus aspiraciones más hondas de  desarrollo autónomo. Una sociedad dividida, en que se niega a la mayoría de las familias los derechos fundamentales al trabajo, a la educación, a la salud, a la recreación, y hasta la misma esperanza de un futuro mejor.”

 

En su primer mensaje presidencial ante el Congreso pleno también expresó su diagnóstico:

“…lograrlo (la nueva sociedad) a partir de nuestra realidad presente, de sociedad agobiada por el atraso y la pobreza propios de la dependencia y del subdesarrollo; romper con los factores causantes del retardo y al mismo tiempo edificar una nueva estructura socioeconómica capaz de proveer a la prosperidad colectiva.

            (…) Nuestra primera tarea es deshacer esta estructura constrictiva, que sólo genera un crecimiento deformado. Pero simultáneamente es preciso edificar la nueva economía…”

 

Es interesante observar cómo en sus palabras se logra percibir la transición de una sociedad esclavizada, agobiada y dividida, que es transformada, para dar paso a una nueva sociedad libre y unida. “Caminamos hacia el socialismo no por amor académico a un cuerpo doctrinario. Nos impulsa la energía de nuestro pueblo que sabe el imperativo ineludible de vencer el atraso y siente al régimen socialista como el único que se ofrece a las naciones modernas para reconstruirse racionalmente en libertad, autonomía y dignidad. Vamos al socialismo por el rechazo voluntario, a través del voto popular, del sistema capitalista y dependiente cuyo saldo es una sociedad crudamente desigualitaria, estratificada en clases antagónicas, deformada por la injusticia social y degradada por el deterioro de las bases mismas de la solidaridad humana manifestaría el Ex Presidente Allende ante el pleno en el Congreso Nacional.

Incluso, en su segundo mensaje presidencial, el ex Presidente daba a conocer los avances en el establecimiento de esta nueva sociedad. Ante los Parlamentarios, el Ex presidente manifestó:

“Para el Gobierno Popular, las causas fundamentales del subdesarrollo y la dependencia se encuentra en la estructura económica (…) Estamos creando las bases económicas de una sociedad más justa, más igualitaria y más capaz de progreso generalizable a toda la población. Más justa, porque no se funda en el privatismo, movido por el afán de lucro, basado en la competencia económica y en la explotación del trabajo ajeno, sino en los principios opuestos de solidaridad, responsabilidad social y defensa de los supremos intereses nacionales y populares (…) Avanzar por el camino de la democracia exige superar el sistema capitalista…”

 

Este era el sueño del ex Presidente, terminar con “(la) sociedad crudamente desigualitaria, estratificada en clases antagónicas, deformada por la injusticia social y degradada”. Era una sociedad “(basada en) el privatismo, movido por el afán de lucro, basado en la competencia económica y en la explotación del trabajo ajeno”.  El sueño era dar vida a una sociedad “capaz de proveer a la prosperidad colectiva”, en la que el “privatismo” y “afán de lucro” dan paso a la sociedad “en que la capacidad creadora de cada hombre y de cada mujer encuentre cómo florecer, no en contra de los demás, sino en favor de una vida mejor para todos”.

Tal era la invitación: “vengan, hay un lugar para cada uno en la construcción de la nueva sociedad”.

 

Sin duda, los principios de esta nueva sociedad – la nación Chilena tal como la soñamos-  se basan en la solidaridad y en la construcción racional e igualitaria de la misma.

Se debe considerar, no obstante, que las sociedades no son entes etéreos. La sociedad está compuesta por un grupo de personas, hombres y mujeres. Es por ello que, cuando el ex Presidente habla de la nueva sociedad, en realidad se refiere al nuevo hombre. Un hombre que privilegie el bien común antes que el bien particular, y cuyo principio rector sea la solidaridad.

Es esto lo que motiva al Ex Presidente a expresarse siempre en términos colectivos, y nunca personales (“construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria”). La Nueva sociedad da paso a una sociedad colectiva, dejando atrás la sociedad de individuos. La sociedad que soñó Salvador Allende, era una construida por la razón, regida por la solidaridad, por todos y para todos. El hombre ya no es individuo, sino que es hombre en su sociedad.

 

El Hombre en las Escrituras

Cabe preguntarse, por lo tanto, ¿Cómo conciben las escrituras al hombre?

La Biblia presenta al hombre como un ser que, habiendo sido creado bueno, cayó de su condición al rebelarse contra su Creador. El pecado corrompió su ser desde la raíz, y en consecuencia, jamás pudo volver a vivir sin que el pecado tiñera todas y cada una de sus acciones[3].

 

Una de las áreas en que el pecado afectó de manera más evidente las facultades del hombre fue la de las relaciones. El hombre no sólo se alienó de Dios mismo —acto que fue la causa de su deterioro—, sino también del resto de la creación, incluida en ella su propia especie. A partir de entonces ya no sólo priorizaría su propia satisfacción, sino que —como lo anuncia Dios— dicha búsqueda adquiriría un énfasis individual que ni siquiera eximiría su relación conyugal (Gn 3:16-19).

 

El hombre, a partir de entonces, es retratado sistemáticamente como un ser egoísta. Sigue siendo, por la gracia de Dios, capaz de reconocer las ventajas de la solidaridad, pero aun cuando llega a practicarla, lo hace con fines mezclados y de manera más bien excepcional. En la generalidad se caracteriza más bien por su deseo de adquirir, y cuando lo hace, no sólo acumula más de lo necesario sino que incluso codicia lo que pertenece a otros.

 

La Biblia, por lo tanto, da testimonio de esto cuando norma la convivencia, y es por eso que no sólo incluye restricciones a la codicia (e.g. Éx 20:17), sino también demandas de compasión (e.g. Lv 23:22): Por mucha fe que tengamos en el hombre, éste no camina instintivamente en la dirección correcta.

 

¿Es la unión, por tanto, un ideal inalcanzable? Aquí es donde se halla la gran lección. Esfuerzos colectivos puede haber, pero serán siempre incapaces de producir un mundo mejor en tanto Dios no cambie los corazones. Los ingenieros de Babel confiaron en que la unión haría la fuerza, pero olvidaron que la unión primordial es con Dios (Gn 11:1-9).

 

El hombre puede, en consecuencia, alcanzar la unidad, pero no sobre cualquier plataforma sino sólo en la iglesia: la iglesia entendida como un cuerpo, en la cual sus miembros, siendo necesariamente diversos, siguen armónicamente las órdenes de la única cabeza que es Cristo[4] (Ef 1:22-23; 4:15-16; Ro 12:3ss; 1Co 12:12-26).

 

Crear una sociedad solidaria es un ideal que excede con mucho las capacidades de los gobiernos humanos, y antes que ello, no es tampoco una función que Dios les haya asignado[5]. Una cosa es regular la convivencia haciendo uso de las legítimas atribuciones que Dios ha concedido a ese efecto, pero otra muy diferente es inmiscuirse en áreas que Él ha escogido tratar en forma personal: Dios siempre reserva para sí los asuntos que no caben en las pequeñas manos del hombre.

 

El colapso

¿Por qué se produce un colapso institucional de tales dimensiones? Puesto que el evento es de causas múltiples, son muchas las respuestas que se han escuchado. Sin embargo, no es poco serio pensar que, desde un punto de vista teológico, lo ocurrido en septiembre de 1973 fue un choque en visiones antagónicas del hombre. Un colapso inevitable entre un sistema basado en una solidaridad mal entendida y la forma de llevarlo a cabo a través del Gobierno, y un sistema basado en el legítimo interés propio. No es posible cambiar la naturaleza humana a través de decretos ni leyes. Solo Cristo puede hacerlo[6].

 

A modo de reflexión

Es interesante observar que a 40 años de producido el Golpe de Estado, éste aún sea un tema de divisiones y de poca reflexión ausente de pasiones. En efecto, para muchos evangélicos constituye un criterio válido para determinar su preferencia electoral.

Pero es importante pensar que ambos actores, tanto el Gobierno de la Unidad Popular, presidido por el ex Presidente Allende, y el General Pinochet que presidió la Junta, eran hombres, y por ende, pecadores. Ambos –como todos- eran hombres moralmente caídos. El juicio bíblico no reconoce si eran de izquierda o derecha, civiles o militares. Sólo los reconoce como hombres, injustos, malos y pecadores.

Ningún sector político tiene superioridad moral para gobernar el país. El Apóstol Pablo es enfático al escribir “(Que) Todos somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios”. De modo que la participación o autoexclusión del colapso institucional no da en absoluto a nadie la categoría de justo ni salvo. Por esa razón, tampoco constituye un criterio adecuado para determinar el voto de cada miembro del pueblo cristiano.

Es el Evangelio lo que debe moldear nuestro pensamiento y preferencias políticas y no al revés. Tal parece que el pueblo cristiano aún está entrampado buscando la forma de imponer una visión política en el evangelio, y no hacer brillar el evangelio por sobre las visiones políticas. Cuando eso – hacer primar el evangelio sobre una visión política determinada –  suceda, el impacto y la luz de Cristo brillarán con más fuerza en nuestra sociedad.

 


[1] Hemos hecho una selección de los discursos del Ex Presidente, remitiéndonos en definitiva a los 3 mensajes presidenciales (1971-1972-1973) ante el Congreso Pleno. Su discurso de Victoria en la Sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) Discurso pronunciado en el Estadio Nacional de Santiago el 5 de noviembre de 1970, con

motivo del inicio del Gobierno Popular. La Nación, viernes, 6 de noviembre de 1970, y su último mensaje emitido vía radio, el día 11 de Septiembre de 1973. Todos disponibles en www.salvador-allende-.cl

 

[2] Este mensaje fue también transmitido a través de la cultura. En su disco “Chile Resistencia”, el conjunto Inti-Illimani canta la canción “creemos el hombre nuevo”. Asi mismo, el cantautor Victor Jara gana el festival de la “nueva canción chilena” con su tema “Plegaria a un labrador” , la que causa polémica por su uso del “padrenuestro”. La canción versa: “líbranos de aquel que nos domina en la miseria, tráenos tu reino de justicia e igualdad”

[3] R.C. Sproul llama la condición del hombre como “radicalmente corrupto” (radical corruption) (En “What is reformed theology”. Ligonier Ministries)

[4] Es interesante notar que el Pastor John Stott en su comentario de Efesios denomina a la Iglesia “la nueva sociedad” (“The message of Ephesians”) (“El mensaje de Efesios”, Editorial Certeza)

[5] Sermón sobre el Rol del Gobierno y la Iglesia, por Cristián Morán  está disponible en http://iglesiacristoredentor.cl/

[6] 2 de Corintios 5.17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.”

 

 

De “40 años – Voces evangélicas sub 40” lee también:

 

Luis Aranguiz, Helmut Frenz, entre el mito y el hombre

Matías Maldonado, Evangélicos en la dictadura militar chilena

Cristóbal Cerón, Nueve compromisos para promover la reconciliación en Chile

Luis Pino Moyano, 40 años. Buscando respuestas en el evangelio

Jonathan Muñoz, Una paz mal entendida

Manfred Svensson, Todos cambiamos. Una reflexión personal a cuarenta años del golpe

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